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Mañana, Maximiliano García, oriundo de Talavera, será ordenado sacerdote en la Catedral de Buenos Aires. Su camino de fe, sus raíces y la alegría de su comunidad se reflejan en cada palabra de este joven que llevará su vocación más allá de su tierra natal.
Actualidad07/11/2025
Xiomara Díaz
Mañana, sábado a las diez de la mañana, la Catedral de Buenos Aires será testigo de un momento que marcará la vida de Maximiliano Exequiel García y de todos aquellos que lo vieron crecer: su ordenación sacerdotal. Para este joven de 31 años, oriundo de Nuestra Señora de Talavera, en El Quebrachal, este paso no es simplemente un acto religioso, sino la culminación de un camino de fe, de aprendizajes, de comunidad y de amor por su pueblo.


“Estoy con muchos nervios, porque es un momento muy importante para mí y para cualquier persona que tiene fe”, confesó Maximiliano. “El sacerdote es el intercesor entre Dios y el pueblo, el pastor de una comunidad que busca a Dios, y siento que este es un camino muy importante”.

Su vocación comenzó con la influencia de sus padrinos, quienes lo acercaron a la fe desde la infancia y le enseñaron con su ejemplo que la fe se transmite y se contagia. “Ellos cumplieron con su misión de padrinos de bautismo y confirmación. A través de su ejemplo, empecé a amar las cosas que vienen de la fe”, recordó. Pero también hay un llamado íntimo, profundo, que él describe como “un fuego en el corazón que no se puede explicar, un impulso a hacer lo que uno ama. La vocación viene de responder al llamado de Dios, y yo confío en que ese llamado me alcanzó a mí”.
Maximiliano no olvida sus raíces. Aunque su ministerio comenzará en la ciudad de Buenos Aires, lleva consigo el orgullo de su tierra y de su gente. “Estoy orgulloso de ser del lugar donde nací. La fe, la cultura y la manera de vivir de mi pueblo me formaron y desde ahí nació mi vocación. Dios me llamó desde este lugar y yo lo sigo con gratitud”, afirmó.
La alegría de la comunidad se refleja en cada mensaje, llamada y gesto de apoyo. Vecinos que lo vieron crecer celebran su vocación. “Mi familia siempre estuvo presente, hablando por teléfono, visitándome cuando podían. La comunidad me hace sentir su cercanía y su alegría, aunque no todos puedan viajar hasta Buenos Aires”.
Para él, la vida sacerdotal es inseparable de la cercanía con la gente. “La manera de vivir este compromiso es estando con la comunidad, caminando como pastor en medio de las ovejas. Nunca aislado, siempre en comunidad. Estar cerca de la gente y dar testimonio de fe invita a la credibilidad. La iglesia tiene que acercarse para brindar consuelo, acompañamiento, oración y sacramentos”.
Maximiliano reflexiona sobre la espiritualidad como un camino colectivo. “La iglesia puede ofrecer una familia, con Jesús como centro. Primero hay que juntarse, generar comunidad, y luego la oración surge naturalmente, velando por el otro. La oración es un acto de amor que nos une. Cuando ya no hay mucho que hacer, la oración es la respuesta, es compartir y acompañar al otro”, dijo.

El joven sacerdote también piensa en los desafíos de la cercanía con las nuevas generaciones: “Para dialogar, primero hay que fomentar un encuentro. Estar al tanto de la cultura y de lo que viven los jóvenes permite guiarlos y acompañarlos. No se trata de cambiar su mundo, sino de mostrarles los valores que la fe puede ofrecerles. Las redes, la inteligencia artificial y los nuevos emprendimientos digitales pueden ser herramientas para evangelizar, para despertar la curiosidad por la fe”.
Para los jóvenes de su pueblo, Maxi dejó un mensaje: “Que puedan escucharse en su interior, descubrir qué los hace felices y amar lo que hacen. El compromiso, la formación y los valores surgen de conocerse a uno mismo. Solo desde allí se puede emprender un camino verdadero y fructífero. Es importante que surjan líderes que inspiren y fomenten la educación y los valores”.

Tras la ordenación, Maximiliano se desempeñará como vicario en la parroquia de San Cayetano, en Belgrano. Allí impartirá misas, confesiones y acompañará a los enfermos. “Ser sacerdote es ser un enamorado de Jesús que intercede por su pueblo. Imagino mi felicidad en el ministerio, con los jóvenes, las familias y también en los hospitales”, expresó con convicción.
En relación a su pueblo, explicó: “Cuando vaya a visitar a mi familia, con permiso del párroco, puedo dar misa o confesar. Mis raíces están siempre presentes, aunque los primeros cinco años de mi ministerio estén dedicados a Buenos Aires”.
Finalmente, Maxi dedicó este momento a quienes lo acompañaron y formaron: “Agradezco a mi familia, a quienes me animaron a seguir esta vocación, y a mi pueblo, que me enseñó la fe y la vida comunitaria. Todo lo que soy, lo debo a ellos”.

Maximiliano Exequiel García encarna la fe viva del norte, el amor por la comunidad y la fuerza de un llamado que trasciende fronteras. Su camino recuerda que la vocación no es solo un destino personal; es un regalo que toca a todos los que creen, esperan y acompañan. Para Talavera, El Quebrachal y la comunidad que lo vio crecer, la emoción y el orgullo son inmensos... un hijo del pueblo parte para servir, pero lleva consigo las raíces y el corazón de quienes lo formaron.



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