TC-48, una tragedia sin restos ni memoria: los salteños que el país olvidó

El 3 de noviembre de 1965, el avión TC-48 desapareció durante un vuelo de instrucción de la Fuerza Aérea Argentina. Seis décadas después, la ausencia de respuestas, de reconocimiento y de políticas de memoria sigue pesando sobre las familias y sobre la historia nacional, especialmente en Salta.

Curiosidades29/12/2025Por Expresión del SurPor Expresión del Sur
FORMACION
Formación con el TC-48 de fondo, antes de la partida

Hay tragedias que marcan a una generación y otras que, aun siendo igualmente dolorosas, quedan sepultadas bajo el polvo del tiempo y del silencio. La desaparición del avión TC-48 de la Fuerza Aérea Argentina, ocurrida el 3 de noviembre de 1965, pertenece claramente a este segundo grupo. Sesenta años después, aquella misión truncada sigue siendo una herida abierta para muchas familias y un capítulo inconcluso de nuestra memoria colectiva. Entre esos nombres que el país parece haber olvidado, hay tres que interpelan directamente a Salta: Mario Nello Zurro, Benjamín Labroussans y Oscar Vuistaz, nuestros salteños olvidados.

El TC-48 cumplía un vuelo de instrucción que tenía un profundo valor simbólico: para varios de sus tripulantes y cadetes era el tramo final antes de recibir el diploma de alférez. No era un vuelo de guerra, sino de formación; no era una misión heroica en el sentido épico clásico, sino en el sentido más profundo del servicio: prepararse para servir a la Nación. Sin embargo, la fatalidad transformó ese viaje en una tragedia sin cuerpo, sin restos y, durante décadas, casi sin reconocimiento.

El comandante Mario Nello Zurro, de 38 años, nacido en Metán, casado y con domicilio en Córdoba, encarna con claridad ese perfil de servidor público integral. Hizo la primaria en la escuela Manuel Belgrano de Metán, cursó sus estudios secundarios en Salta y luego ingresó a la Escuela de Aviación Militar, donde forjó su carrera aeronáutica. Lejos de conformarse con una sola vocación, en sus últimos años cursaba Abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba, mostrando una inquietud intelectual y cívica que merece ser destacada. A la fecha, el único reconocimiento institucional que recibió fue el otorgado por el Concejo Deliberante de San José de Metán, en noviembre de 2022, mediante un homenaje post mortem que honra a la ciudad por iniciativa de la entonces Concejal Ing. Josefina García y la Fundación Junta de Estudios Históricos y Geográficos, pero también desnuda la ausencia de políticas más amplias de memoria.

Junto a Zurro viajaba Benjamín Labroussans, integrante del grupo de cadetes que esperaba culminar ese vuelo para recibir su diploma de alférez. Su historia familiar añade una dimensión aún más profunda: era hermano de otro salteño que revistaba como vicecomodoro, lo que refleja una tradición de servicio a la Fuerza Aérea y al país. El tercer nombre es el de Oscar Vuistaz, de apenas 20 años, nacido en Salta, egresado de la escuela Urquiza en la primaria y de la Escuela Nacional de Comercio en el nivel secundario, quien luego ingresó a la Escuela de Aviación Militar. Juventud, formación, futuro: todo quedó suspendido en aquel vuelo sin regreso.

CONTINGENCIA

El presidente Arturo Illia despidió al contingente que haría el viaje de instrucción

Lo más doloroso no es solo la tragedia en sí, sino lo que vino después. Durante décadas, los familiares de los tripulantes del TC-48 padecieron adversidades administrativas, indiferencia institucional y un silencio social persistente. No hubo restos que velar, ni certezas que cerrar el duelo, ni un reconocimiento sostenido del Estado que acompañara a quienes quedaron esperando respuestas. La tragedia de la Fuerza Aérea quedó, en los hechos, relegada al olvido.

CADETES

El paralelismo con lo ocurrido años después con el ARA San Juan resulta inevitable. En ambos casos, se trató de servidores de la Patria que desaparecieron cumpliendo su deber; en ambos, las familias reclamaron durante años verdad, memoria y reconocimiento. Sin embargo, mientras el ARA San Juan logró instalarse con fuerza en la agenda pública y en la conciencia nacional, el TC-48 no corrió la misma suerte. Esta diferencia no responde a la magnitud del dolor, sino a una deuda social y política que aún persiste.

Por eso adquiere un valor especial el homenaje realizado el 3 de noviembre de este año en la Legislatura de la provincia de Córdoba, al cumplirse 60 años de la desaparición del TC-48. Ese acto no solo honró a los tripulantes, sino que también recordó que la memoria no prescribe y que el olvido es, muchas veces, una forma de injusticia.

Salta no puede permanecer ajena a esta historia. Resulta razonable y necesario plantear que algún espacio público de la provincia —una plaza, un paseo, un sector institucional— cuente con un monolito y una placa recordatoria que inscriba, de manera permanente, los nombres de Mario Nello Zurro, Benjamín Labroussans y Oscar Vuistaz. No se trata de un gesto simbólico menor: se trata de asumir una responsabilidad social con la memoria, de educar a las nuevas generaciones y de decir, con hechos, que estos salteños no fueron ni son olvidables.

Recordar al TC-48 no es mirar al pasado con nostalgia; es reafirmar valores. Es reconocer el sacrificio silencioso, la vocación de servicio y el compromiso con la Nación. Es, en definitiva, saldar una deuda moral. Porque un país que no honra a sus servidores caídos corre el riesgo de perder el sentido profundo de su historia. Y porque, como sociedad, todavía estamos a tiempo de transformar el olvido en memoria y el silencio en homenaje.

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