


Atacaron a la reina estudiantil porque no ganó su favorita en González
Sociedad29/08/2026
Xiomara DíazLo que debía ser una fiesta para los estudiantes de Joaquín V. González terminó en agravios, acusaciones y una adolescente lastimada. Lucía Acosta, representante del Colegio N.º 5098, fue elegida reina de los estudiantes y quedó en el centro de una disputa iniciada por adultos que no aceptaron el resultado.
Antes de la ceremonia se daba por favorita a la candidata del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, hija de la doctora Soraire, propietaria de una clínica privada de la ciudad. Sin embargo, el jurado eligió a Acosta. La sorpresa no tardó en convertirse en cuestionamientos y denuncias de un supuesto fraude que se multiplicaron en las redes sociales.
La elección estuvo a cargo de once jurados; cinco representantes de las instituciones participantes y seis integrantes de la comunidad. Entre ellos había docentes, exreinas y vecinos de la ciudad. También participaron veedores y directivos de distintos colegios, incluidos el director y el vicedirector del Sagrado Corazón y autoridades de la Escuela de Educación Técnica N.º 3114.


Apenas se conoció a la ganadora comenzaron los ataques contra la joven, el Colegio N.º 5098 y su director, Renzo Meneses. Perfiles creados en las redes para cuestionar el resultado publicaron agravios y acusaciones contra quienes quedaron vinculados con la elección.

Insultos y un intento de agresión
De acuerdo con testimonios recogidos entre personas que estuvieron en el lugar, una profesional de la salud insultó y amenazó al director Meneses después de conocerse el resultado. Durante el mismo incidente, un familiar suyo, alumno del Colegio Sagrado Corazón, habría increpado al directivo e intentado golpearlo detrás del escenario. Uno de sus hermanos mayores debió retirarlo para impedir que la situación avanzara.
Los hechos denunciados exceden cualquier diferencia por una votación. Ya no se trataba de pedir una revisión de las planillas o una explicación a los organizadores. Un director era increpado y una adolescente comenzaba a ser castigada públicamente por una decisión que no había tomado.
Resulta especialmente grave que una profesional de la salud aparezca señalada en un episodio de estas características. Por su formación, debería conocer el daño que la humillación, el hostigamiento y la exposición pública pueden causar en la salud mental de una menor. Del otro lado de los insultos no hay una rival adulta; hay una adolescente que terminó angustiada y dispuesta a renunciar a una experiencia que debía recordar con alegría.

Hay valores que no se compran: el respeto, la humildad, la educación y la capacidad de aceptar que no siempre se gana.
Los padres tienen la responsabilidad de transmitir esos principios con el ejemplo. No pueden exigir respeto a los jóvenes mientras responden con amenazas, agravios o prepotencia ante un resultado que no los favorece. El mensaje que dejan esas conductas es mucho más dañino que cualquier derrota.
Todas las candidatas merecían el mismo trato, sin distinción de colegio, apellido o situación económica. Una elección estudiantil no puede transformarse en una disputa de poder entre familias ni en una competencia para imponer a quien algunos ya habían coronado de antemano.

Una adolescente al borde de renunciar
Lucía Acosta no eligió al jurado, no confeccionó las planillas ni contó los votos. Se presentó como las demás estudiantes y recibió una distinción otorgada por las personas encargadas de evaluar. A pesar de eso, fue ella quien terminó soportando sospechas, burlas y comentarios hirientes.
El hostigamiento la habría afectado hasta el punto de no querer representar a Joaquín V. González en la elección departamental prevista en Apolinario Saravia. Quienes decían defender una celebración estudiantil podrían terminar apartando de ella a la joven elegida para representar a la ciudad.
Si existían dudas sobre la votación, correspondía recurrir a las actas, pedir explicaciones y presentar un reclamo ante los responsables de la organización. Atacar a la ganadora, amenazar a un directivo y enfrentar a los colegios no aporta transparencia ni modifica el resultado.
La corona pertenecía a los estudiantes. La pelea fue obra de adultos que olvidaron algo elemental: primero hay que saber perder y, sobre todo, saber comportarse. La elección duró una noche; las heridas provocadas por la humillación pública pueden permanecer durante años.


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