Padre Castillo «Pensé que me iban a sepultar acá, junto a monseñor Tejerina»

Sociedad24/09/2026Xiomara DíazXiomara Díaz

Padre Carlos Castillo

El padre Carlos Castillo pensó que terminaría sus días en Metán. Lo dijo en una conferencia al anunciar que dejará la parroquia Señor del Milagro después de 23 años: imaginaba que, llegado el momento, sería sepultado en la iglesia, junto a monseñor José Vicente Tejerina Monserrat. Ahora debe partir para atender su salud. Este domingo 27, a las 19, celebrará una misa de acción de gracias en la parroquia y podrá despedirse de los vecinos.

Castillo habló este jueves de los motivos de su salida. Tiene problemas en la piel, una hernia de hiato y gastritis; también necesita realizarse estudios de próstata. Explicó que llegó el momento de dedicar tiempo a los controles y al tratamiento. «Necesito un tiempito para mí», dijo. Después de dejar Metán se instalará en San Lorenzo, cerca del padre Oscar Ossola.

Su partida no será temporaria en la parroquia. Ante la consulta sobre un posible regreso, respondió que no volverá como párroco. Tampoco conoce todavía el nombre de quien lo reemplazará. Insistió en ese punto: si lo supiera, dijo, no afirmaría lo contrario.

Padre Carlos CastilloDespués de 23 años, el padre Carlos celebrará su última misa en Metán

Los 23 años aparecieron en su relato a través de las personas que conoció. Habló de quienes se sintieron acompañados cuando perdieron a un familiar, de las visitas a enfermos, de los matrimonios que celebró y de los numerosos bautismos. Cree que incluso pudo haber bautizado a hijos de personas a las que bautizó al comienzo de su ministerio. «Un párroco termina llorando los hijos de otros como si fueran propios», expresó al explicar cuánto lo afectaron algunas de esas pérdidas.

Él también despidió a seres queridos mientras vivía en Metán. Recordó las Navidades compartidas con sus padres, sus hermanos y su tía madrina, y los cumpleaños en los que lo acompañó la comunidad. Sus padres murieron durante estos años. En la entrevista habló, además, de Candela, la hija de su hermano Hernán, a quien habían sepultado el día anterior. Al mencionarla, se quebró.

Castillo agradeció a los medios que difundieron las actividades de la parroquia y quiso hacer llegar su saludo más allá de quienes concurren al Señor del Milagro. Nombró a las comunidades de Fátima y San José, y se dirigió también a quienes no suelen ir a la iglesia.

Al repasar lo hecho en la parroquia, recordó los arreglos del templo cuando se llovía y se cayó parte del techo. Habló de la casa que recibirá el próximo sacerdote, donde quedarán muebles de su padre, y de los trabajos que realizó con sus propias manos en las rejas y la pérgola. «Trabajar y orar», resumió. Dijo que esa inclinación al trabajo manual estuvo siempre unida a su vocación religiosa.

El volumen de mensajes y llamados de estos días le impidió responder a todos. Por eso aprovechó la entrevista para pedir disculpas a quienes no pudo atender y a quienes pudo haber herido en algún momento. «Gracias y perdón», fue el mensaje que eligió para Metán.

«Me han hecho un metanense», dijo. No esperaba tener que irse de la ciudad donde imaginaba quedarse para siempre. El domingo espera darles un abrazo a quienes se acerquen a la misa. A los que no puedan asistir les aseguró que seguirá rezando por ellos, por su salud y por su bienestar.

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