

Esteco: el incendio que arrasó una estación y dejó una herida abierta en el sur salteño
Por Expresión del Sur
Pasaron cinco décadas del siniestro ferroviario que transformó para siempre a Esteco en una palabra cargada de fuego, dolor y memoria. Fue el 4 de julio de 1975, cuando una formación petrolera se desmembró en una pendiente y 36 vagones sin control retrocedieron durante varios kilómetros hasta estrellarse con otro tren detenido en la estación del paraje rural. La explosión fue devastadora. La estación, galpones, rieles y hasta la tierra misma ardieron. Murieron al menos nueve personas.
Con los años, el hecho fue ganando silencios, pero en 2012, el blog "Crónicas e Historias Ferroviarias" recuperó una pieza invaluable de este dolor colectivo: los testimonios familiares de las víctimas. Allí, nietos e hijos pusieron palabras donde el tiempo solo había dejado cenizas.
Una abuela, una bandera y un altar
Entre los relatos más conmovedores figura el de Jorge Iván Brazanovich, nieto de Angela Liebano, la esposa del jefe de estación. Fue ella quien intentó dar el alerta por telégrafo y quedó atrapada en el fuego. Según narra su nieto, su cuerpo fue hallado al lado de una pileta intacta, abrazada a un caño de agua. Tenía la espalda quemada, pero su rostro seguía sereno. La sepultaron envuelta en una bandera argentina, y su familia construyó un sendero de piedras y flores que todavía llega hasta esa pileta.


"Su fuerza, potencia, coraje y amor salta y se regocija dentro de mi ser, porque yo llevo su sangre", escribió Jorge. Su relato convierte a Angela en símbolo: una mujer que enfrentó el fuego y dio la voz de alerta para evitar una tragedia aún mayor.
El conductor que no regresó
Otro testimonio estremecedor fue el de Oscar Alberto Ávila, hijo del conductor Jesús Walter Ávila, una de las víctimas. “Allí perdí a mi padre. La tragedia fue terrible”, escribió. Lo mismo expresaron familiares de los guardatrenes Salvatierra y Roldán, y del foguista Ramón Santana.

Rieles retorcidos, tierra como vidrio
El blog también describe lo que se vio en el lugar años después: rieles curvados por el calor, techos colapsados, maquinaria fundida, árboles calcinados. Un tractor derretido. Un visitante anónimo recordó que “a cien metros a la redonda la tierra estaba quemada como ladrillo, fue un espectáculo dantesco que nunca olvidaré”.
La versión del jefe de estación
Uno de los datos más estremecedores del blog es el relato de Daniel Roberto Brazanovich, jefe de la estación y esposo de Angela. Su nieto cuenta que, al ver venir los vagones, gritó junto al conductor Ávila para que todos huyeran. Corrieron al río, se metieron al agua y cada vez que salían a respirar, el aire les quemaba los pulmones. Angela, mientras tanto, intentaba resistir con agua en la estación.
“Mi abuelo quiso volver a buscarla, pero Ávila no se lo permitió”, relató su nieto. El gesto salvó una vida. “Así fue que mi abuelo sobrevivió para contar esta historia, y por eso le agradezco a ese hombre”, escribió.
De tragedia a olvido
Hoy, en ese punto del mapa del departamento Metán, ya no hay estación. Apenas ruinas. Un cerco precario, algunos cerdos sueltos. La naturaleza fue borrando las huellas, pero no el recuerdo. A medio siglo de la tragedia, el accidente de Esteco sigue resonando como un símbolo del precio que pagaron muchas familias del interior en tiempos de silencio y abandono.
La memoria vuelve con fuerza cuando se escuchan los nombres de Angela, Jesús, Juan Manuel, Salvatierra o Roldán. El sur de Salta guarda estas historias, y los medios del interior tienen la responsabilidad de hacerlas volver.
Fuente citada: Crónicas e Historias Ferroviarias – “El regreso a Estación Esteco”, publicado el 10 de diciembre de 2012.


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