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“La conducta enrostrada a la encartada repulsa la ética y el decoro que deben prevalecer en el accionar de todo funcionario público”, se indicó.

En Metán, una sola enfermera sostiene el servicio sanitario policial de toda la zona. Su nombre es cabo Roxana Soledad Bravo y su tarea, discreta pero decisiva, demuestra una vocación que va más allá del uniforme, los horarios y las ideas equivocadas que a veces existen sobre la labor policial.
Sociedad21/11/2025
Xiomara Díaz
En una estructura donde la mayoría de las funciones se reparten entre varios equipos, en Metán la División Medicina Legal recae sobre una única profesional; la cabo enfermera Roxana Soledad Bravo. Su labor diaria, poco visible para el público, sostiene el servicio sanitario de las dependencias policiales del Distrito de Prevención N° 3 y muestra una faceta del trabajo policial que pocas veces queda a la vista.


Formada en el Instituto Superior Dr. Ramón Carrillo, Bravo ingresó a la Policía con una preparación sólida en el área de la salud. Esa combinación —uniforme y conocimientos clínicos— le permitió asumir un rol técnico que exige precisión, disciplina y criterio profesional. Actualmente está al frente de la asistencia sanitaria a personas detenidas en Metán, El Galpón, Río Piedras y al cuerpo femenino; además de encargarse del control médico del personal, las campañas de vacunación y la colaboración en procedimientos sensibles junto al médico del CIF, como exámenes y autopsias.

Su rutina comienza mucho antes de que suene cualquier emergencia. Controles básicos, revisión de lesiones, atención de descompensaciones y supervisión sanitaria en las comisarías integran una jornada que no reconoce feriados ni horarios fijos. A eso se suman intervenciones en la vía pública cuando surge una urgencia que requiere manos entrenadas.
La cabo describe su función como “vital y humanitaria”, y no resulta una definición excesiva. En una fuerza cual eje es la seguridad, su presencia asegura algo tan elemental como la salud de quienes están bajo custodia y de quienes cumplen servicio. Ese aspecto, que con frecuencia pasa inadvertido, es indispensable para el funcionamiento institucional.
Sobre la diferencia entre trabajar en salud civil y hacerlo dentro de la Policía, explica que la variación principal está en el régimen disciplinario propio de la fuerza. Más allá de eso, la esencia se mantiene; asistir, contener y atender a quienes lo necesitan. Sin privilegios ni barreras, el objetivo es el mismo: cuidar.

En ese punto, Bravo subraya la importancia de sostener protocolos sanitarios ante enfermedades que pueden impactar a toda la comunidad. Recuerda especialmente los años del COVID-19, cuando la prevención, la asistencia primaria y el control riguroso se volvieron imprescindibles para evitar contagios dentro de las dependencias y garantizar la continuidad del servicio. Para ella, aquellas jornadas reforzaron el mensaje de que la salud no es un trámite, es parte del funcionamiento de la seguridad pública.

Entre las intervenciones que recuerda con mayor intensidad menciona su asistencia anual a los peregrinos del Señor y la Virgen del Milagro, una tarea que asume como parte de una tradición que combina servicio, vocación y acompañamiento comunitario. No obstante, su compromiso aparece sobre todo en lo cotidiano; en una guardia nocturna, en un traslado urgente, en un control que previene una complicación mayor.
Bravo sostiene que su tarea impacta de manera directa en el bienestar del personal policial, al brindar asistencia inmediata y permanente. Y define los pilares de su labor con términos que, en su voz, se sienten más propios de un modo de actuar que de un discurso; profesionalismo, humanidad, empatía, responsabilidad y respeto.
En un contexto donde la mirada hacia la Policía suele ser reducida o estereotipada, su trayectoria ofrece otra imagen; la de una suboficial formada, capacitada y dedicada a una función que exige tanto técnica como temple. Sin decirlo abiertamente, demuestra que el uniforme también puede representar conocimiento, especialización y compromiso con la salud pública.

En este Día de la Enfermería, su nombre aparece con merecida claridad. No busca reconocimiento, pero su trabajo lo justifica. En soledad y con una carga que pocos dimensionan, Bravo mantiene activo un servicio indispensable. Y en cada intervención —desde una curación simple hasta la colaboración en una autopsia— queda en evidencia que hay tareas que no se ven, pero que resultan fundamentales para el funcionamiento sanitario y operativo de la institución.



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