

Finde de fiestas: cajeros vacíos y una calma que antes no existía
José Alberto Coria
En la antesala de las fiestas de fin de año, una escena que hace poco tiempo hubiera generado enojo y protestas hoy pasa casi desapercibida: cajeros automáticos sin efectivo durante todo el fin de semana y ninguna reacción masiva de los usuarios.
Hasta hace uno o dos años, encontrar un cajero sin plata -especialmente en fechas clave como Navidad o Año Nuevo- era sinónimo de reclamos, filas interminables y quejas dirigidas tanto a los bancos como al Estado. Hoy, el escenario cambió.
Según comerciantes y empleados bancarios consultados en distintas localidades del interior salteño, ocho de cada diez operaciones se realizan sin efectivo, a través de tarjetas de débito, transferencias, billeteras virtuales o pagos con QR.


El interior también cambió
En pueblos y ciudades del interior, donde el efectivo históricamente fue la principal herramienta de pago, la transformación es evidente. Cajeros automáticos de Metán, Rosario de la Frontera y localidades de Anta pasaron el fin de semana con recargas mínimas o directamente sin billetes, sin que eso derivara en conflictos.
“Antes la gente se enojaba, golpeaba el cajero o iba directo al banco a reclamar. Hoy la mayoría se da vuelta y paga con el celular”, admitió un trabajador de un cajero automático del sur provincial.
Comerciantes coinciden en el diagnóstico: el efectivo dejó de ser central. “Si no tenés QR o transferencia, perdés ventas”, reconoció el dueño de un almacén de barrio en Rosario de la Frontera. En algunos rubros, como supermercados, farmacias y estaciones de servicio, el uso de billetes es ya la excepción.
Menos billetes, menos conflicto
El cambio no es solo tecnológico, sino cultural. Las billeteras virtuales, los pagos digitales y la bancarización forzada por el contexto económico hicieron que el dinero físico pierda protagonismo, incluso en fechas tradicionalmente asociadas al “cobro en mano”.
La ausencia de protestas frente a los cajeros vacíos revela una adaptación silenciosa: la gente ya no espera al efectivo. Se organiza de otra manera.
Una postal que dice más de lo que parece
El fin de semana sin billetes no generó caos. Generó indiferencia. Y esa indiferencia marca un punto de quiebre: el efectivo dejó de ser imprescindible, incluso en el interior del país.
La pregunta que queda flotando es otra: ¿se trata de un avance hacia la modernización de los pagos o de una resignación frente a un sistema que ya no garantiza algo tan básico como el acceso al propio dinero?
Lo cierto es que, en vísperas de las fiestas, varios cajeros estuvieron vacíos. Y esta vez, nadie salió a protestar.


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