De vender para pañales al respaldo del Estado: la historia de Maia que movilizó a Tucumán

La historia que conmovió a todo el país por un video en redes terminó en un compromiso concreto del Estado provincial para cambiar la vida de una familia.
Sociedad08/01/2026Carolina SaraviaCarolina Saravia
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Hace apenas unos días, miles de argentinos se conmovieron con el relato de Maia Gramajo, una joven madre tucumana de 19 años que contaba con voz entrecortada cómo debía salir a vender encendedores y máquinas de afeitar para poder comprar pañales para su bebé, y revelar que desde los 14 años trabaja en la calle para sostener a su hijo y no pudo continuar sus estudios. 

El video se volvió viral, y lo que parecía un momento de angustia cruda se transformó en una ola de solidaridad social que movilizó no solo a usuarios de redes, sino también a referentes políticos y a los equipos públicos encargados de la asistencia social en Tucumán. 

collage“Estoy vendiendo para los pañales”: la historia de una joven madre que conmovió en redes

El Estado responde: asistencia integral y acompañamiento

El ministro de Desarrollo Social de la provincia, Federico Masso, recibió personalmente a Maia y a su bebé en una reunión que marcó un antes y un después en su historia. En ese encuentro se acordó brindar asistencia integral inmediata, que incluye:

  • Alimentos y pañales, cubriendo una necesidad básica que la joven había manifestado públicamente.
  • Colchones y medicamentos para ella y su hijo, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida familiar.
  • Acompañamiento de equipos técnicos sociales para trabajar en su domicilio y evaluar otras necesidades.
  • Asesoramiento y apoyo ante una situación de violencia de género detectada en su entorno, con los dispositivos correspondientes activados para su protección y contención. 


Masso aseguró que el Estado no solo asistirá en lo urgente, sino que también acompañará a Maia para que pueda retomar sus estudios y generar un proyecto propio, un paso clave para su autonomía futura. 

De la calle a un proyecto de vida

Maia, visiblemente agradecida, expresó después del encuentro que está recibiendo “mucha ayuda y contención” y que sueña con volver a vender dulces, algo que aprendió a hacer y lo que, según dice, podría permitirle sostener a su familia a futuro. 

La historia de Maia, que comenzó con un grito desesperado en redes, se transformó ahora en una intervención estatal con perspectivas de mediano plazo, donde el foco ya no es solo la urgencia sino abrir puertas para un cambio de rumbo en la vida de una joven y su hijo.

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