


El Pontífice planteó la necesidad de “desarmar” la inteligencia artificial para impedir que el ser humano quede subordinado a sistemas creados bajo criterios exclusivamente económicos o de poder. A lo largo del texto, sostiene que la tecnología no puede ser considerada neutral cuando su desarrollo y utilización terminan profundizando desigualdades o concentrando decisiones en pocos actores globales.
Uno de los puntos más fuertes de la encíclica apunta al control de datos, plataformas e infraestructura digital por parte de grandes corporaciones tecnológicas. León XIV sostiene que ese fenómeno está desplazando la capacidad de regulación de los Estados y generando una brecha cada vez más marcada entre quienes acceden a las nuevas herramientas y quienes quedan excluidos.
El documento también dedica varios pasajes al impacto humano detrás del avance tecnológico. Allí denuncia condiciones de explotación vinculadas a la extracción de tierras raras y minerales utilizados en componentes digitales, especialmente en regiones donde trabajan menores de edad y jóvenes en contextos de extrema precariedad.


“Cuerpos marcados, mutilados, desgastados para que el flujo de cálculos no se interrumpa”, señala uno de los fragmentos más duros del texto pontificio, en referencia a las consecuencias sociales ocultas detrás de la producción tecnológica.
La encíclica además cuestiona una lógica que, según advierte el Vaticano, empieza a reducir a las personas a simples datos, métricas de rendimiento o patrones de consumo procesados por máquinas. Frente a ese escenario, León XIV propone reforzar la alfabetización digital y el rol de la educación para que el desarrollo tecnológico no quede desligado de criterios humanos y sociales.
No es la primera vez que el Papa se pronuncia sobre este tema. Desde su llegada al Vaticano, el primer pontífice estadounidense de la historia ya había manifestado preocupación por el uso militar de la inteligencia artificial y por la automatización aplicada a sistemas de guerra. En una de sus intervenciones más recientes sostuvo: “Ningún algoritmo puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable”.
La publicación de Magnifica Humanitas aparece además como la continuidad de una discusión que la Santa Sede viene impulsando desde hace varios años. En 2020, el Vaticano promovió el denominado Llamamiento de Roma para una ética de la inteligencia artificial junto a universidades, especialistas y empresas tecnológicas.
Dentro del ámbito eclesiástico y académico, algunos analistas ya comparan el alcance potencial de esta encíclica con el impacto que tuvo Laudato Si’ durante el pontificado de Francisco, cuando el Vaticano instaló el debate global sobre el ambiente y el cambio climático.
Esta vez, el foco está puesto en otro fenómeno que avanza a una velocidad mucho mayor que las regulaciones: el vínculo entre tecnología, poder y condición humana.


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