Las historias que encontró un periodista en el Pozo de los Milagros

Sociedad08/06/2026Xiomara DíazXiomara Díaz

Milagros -San Francisco

A veces una cobertura comienza con una historia y termina encontrando muchas más. Eso fue lo que le ocurrió al periodista Gustavo Tubio durante su visita al Pozo de los Milagros, en la localidad tucumana de Trancas, un sitio conocido por su vínculo con San Francisco Solano y por la permanente llegada de peregrinos de distintos puntos del país.

La intención inicial era conocer de cerca uno de los lugares de devoción popular más importantes del norte argentino. Sin embargo, una vez allí, la atención dejó de estar centrada únicamente en el histórico pozo y pasó a enfocarse en las personas que lo rodean. Hombres y mujeres que llegan cargando pedidos, agradecimientos, angustias, promesas y esperanzas.

El cronista describió un escenario alejado de la monumentalidad de otros centros religiosos. Bajo la sombra de los árboles, una pequeña ermita, la imagen de San Francisco Solano y el tradicional piletón donde brota el agua forman parte de un espacio que recibe visitantes durante todo el año.

Pero el verdadero movimiento ocurre alrededor de las historias personales. Mientras recorría el lugar, Tubio se encontró con Irma, una mujer llegada desde San Miguel de Tucumán. En sus manos llevaba tres bidones vacíos. No había viajado por turismo ni por curiosidad. Había recorrido varios kilómetros impulsada por una preocupación familiar.

Su nieto enfrenta una enfermedad pulmonar y ella buscaba llevar agua del pozo para acompañarlo durante el tratamiento. "Es para mi nieto. Le diagnosticaron una enfermedad difícil en los pulmones. Los médicos hacen lo suyo, pero yo sé que esta agüita le va a dar la fuerza que le falta", relató la mujer al periodista.

El testimonio resumía una realidad que se repite entre muchos de los visitantes: la convivencia entre la fe y la medicina. Nadie reemplaza una por la otra. Para quienes llegan hasta allí, ambas forman parte del mismo camino.

Tubio observó cómo la mujer llenaba lentamente los recipientes y luego se persignaba junto al borde del pozo. Una escena simple que, para ella, tenía un enorme.

A pocos metros de allí, otra historia captó la atención del cronista.

Un hombre permanecía frente a la imagen de San Francisco Solano. No hablaba con nadie. Sólo observaba el lugar mientras intentaba contener la emoción. Se llamaba Carlos y había regresado para cumplir una promesa.

Un año antes había visitado el mismo sitio atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida. Su esposa se encontraba internada tras sufrir un grave accidente vial y el pronóstico era reservado.

"Vine a agradecer. Ella hoy está en casa, caminando. Los médicos no le daban muchas esperanzas, pero yo prometí volver si salía adelante", contó.

Después de hablar con el periodista, Carlos se acercó a la campana ubicada junto a la ermita y la hizo sonar tres veces. Es una de las costumbres más arraigadas del lugar. Según la tradición popular, esas campanadas acompañan los pedidos de los fieles.

A lo largo de la jornada, el cronista fue registrando escenas similares. Personas llenando botellas para familiares que no pudieron viajar. Matrimonios rezando en silencio. Adultos mayores que regresan cada año. Jóvenes que llegan por primera vez acompañando a sus padres o abuelos.

Cada visitante parece tener una historia distinta, aunque todos comparten algo en común: la necesidad de aferrarse a una esperanza.

En su relato, Tubio reconoce que el trabajo periodístico suele estar asociado a la búsqueda de datos, documentos y explicaciones verificables. Sin embargo, sostiene que en lugares como este resulta imposible ignorar el peso de las experiencias humanas.

Pozo San FranciscoEl pozo de Tucumán donde miles buscan un milagro de San Francisco Solano

Las explicaciones sobre el origen natural del agua existen y forman parte de la realidad física del lugar. Pero para quienes llegan hasta Trancas, el verdadero significado del pozo no está en la procedencia del agua sino en lo que representa.

El periodista describe un ambiente atravesado por el respeto, donde los rezos apenas rompen el silencio y donde los visitantes encuentran un espacio para expresar emociones que muchas veces permanecen guardadas durante meses o años.

Más allá de la leyenda, de las tradiciones y de las creencias religiosas, el Pozo de los Milagros sigue siendo un punto de encuentro para personas que atraviesan situaciones complejas y buscan una respuesta, una señal o simplemente un momento de paz.

Esa fue, precisamente, la historia que Gustavo Tubio terminó encontrando en Trancas. No la del agua que brota desde hace siglos ni la del origen de la tradición, sino la de cientos de personas que continúan llegando convencidas de que la fe todavía tiene un lugar importante en sus vidas.

Y quizás allí resida el verdadero fenómeno que mantiene vigente al Pozo de los Milagros después de más de cuatro siglos: la capacidad de reunir a desconocidos que, por distintos motivos, comparten una misma necesidad de creer.

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