


La otra cara del Mundial: apuestas online y chicos cada vez más expuestos
Actualidad22/06/2026
Xiomara Díaz
El Mundial no sólo mueve camisetas, televisores encendidos y conversaciones de café. También está empujando con fuerza un negocio que ya venía creciendo; los juegos de pronóstico, las promociones vinculadas a resultados y las apuestas deportivas desde el celular.
La novedad es que esa lógica ya no aparece únicamente en casas de apuestas. También empezó a mezclarse con aplicaciones de uso diario, billeteras virtuales, plataformas de compra y servicios de delivery que ofrecen premios, descuentos relámpago o concursos tipo “Prode”. Todo bajo una apariencia liviana... acertar un resultado, participar por un beneficio, probar suerte durante el partido.


El problema es que muchos adolescentes quedan expuestos a ese sistema sin demasiados filtros. Miran fútbol, usan redes, reciben publicidad, entran a una aplicación y en pocos segundos están dentro de una dinámica pensada para retenerlos. La recompensa inmediata, el premio posible y la sensación de que “esta vez puede salir” son parte del mecanismo.
Especialistas en salud mental advierten que el riesgo no se limita a perder dinero. En menores de edad, estas prácticas pueden alterar la relación con el consumo, el azar y la frustración. También pueden derivar en ansiedad, irritabilidad, problemas para dormir, bajo rendimiento escolar, aislamiento y conflictos familiares, sobre todo cuando empieza a aparecer la necesidad de volver a jugar o recuperar lo perdido.
La preocupación crece porque el control adulto suele llegar tarde. Muchos padres no saben qué aplicaciones usan sus hijos, qué movimientos hacen con billeteras virtuales o qué tipo de publicidades reciben mientras miran un partido. El teléfono funciona como puerta de entrada y, muchas veces, también como zona sin supervisión.
El tema ya no puede leerse sólo como una responsabilidad familiar. También involucra a las plataformas, a la publicidad digital y a los organismos que deben controlar el acceso de menores a contenidos vinculados al juego. La verificación de edad sigue siendo débil y el avance comercial va bastante más rápido que las respuestas del Estado.
En plena fiebre mundialista, el riesgo no está en mirar un partido ni en hacer un pronóstico aislado. Lo preocupante aparece cuando esa dinámica se vuelve costumbre entre chicos que todavía no tienen edad ni herramientas suficientes para medir las consecuencias. Ahí el celular deja de ser una distracción y empieza a funcionar como una puerta de entrada al juego problemático.


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