


No todos los alumnos llegan con útiles: algunos traen dolor y miedo
Por Expresión del Sur
En el ámbito escolar, el comportamiento de los niños suele ser observado, evaluado y hasta sancionado. Sin embargo, detrás de cada actitud, hay una historia que muchas veces pasa inadvertida. Las aulas no solo son espacios de aprendizaje, también son escenarios donde se manifiestan, de forma silenciosa o evidente, las realidades personales que atraviesan a cada alumno.
Cada silla ocupada por un niño representa mucho más que un lugar en el aula. En muchos casos, contiene una carga emocional que no se ve a simple vista. Algunos alumnos llegan con el corazón roto, con miedo, con hambre o con responsabilidades que no deberían tener a su edad. Otros conviven con situaciones de violencia, abandono o conflictos familiares que afectan su conducta y su desempeño escolar.
La conducta infantil, desde un enfoque psicopedagógico, es expresión directa del mundo interior del niño. Actitudes desafiantes, silencios prolongados o reacciones intempestivas pueden ser, en realidad, manifestaciones de angustia o pedidos de ayuda. Ante estas señales, los especialistas advierten sobre la importancia de no etiquetar ni juzgar a los estudiantes, sino de acompañarlos con una mirada profesional, comprensiva y sostenida.


En ese sentido, docentes, directivos y equipos de orientación deben actuar como primera línea de contención. La escucha activa, el respeto, la paciencia y la presencia constante son herramientas fundamentales para intervenir con criterio. Un gesto amable, una palabra de aliento o simplemente ofrecer tiempo para escuchar, puede marcar una diferencia sustancial en el día —y en la vida— de un alumno.
El rol del adulto resulta fundamental. En un sistema educativo que, con frecuencia, pone el foco en el rendimiento académico por encima del bienestar emocional, es necesario no perder de vista que cada alumno tiene una historia particular. Reconocer esa realidad es esencial para construir entornos escolares más humanos, inclusivos y atentos a las verdaderas necesidades de los niños.
Porque detrás de cada mirada perdida, de cada conducta disruptiva o de cada silencio prolongado, puede haber un grito de auxilio que merece ser escuchado. Y porque cada silla en el aula es, en esencia, una vida que está en pleno proceso de construcción.



Recuperaron siete kilómetros de la ruta 9/34 entre Metán y Rosario






¿Qué nos está pasando como sociedad?: el mensaje de Isabella Carrizo que conmovió a Salta

¿Qué se elige cuando se elige a una Embajadora de los Estudiantes?

Dos menores cayeron de una moto y una fue hospitalizada en El Galpón

A 36 años del naufragio que marcó para siempre a Las Lajitas: la tragedia que enlutó al sur de Salta







