


León XIV llamó a “escuchar el grito de los más pobres” en la IX Jornada Mundial
Carolina Saravia
En el marco de la IX Jornada Mundial de los Pobres, el papa León XIV envió un mensaje contundente a los líderes internacionales: pidió “escuchar el grito de los más pobres” y advirtió sobre lo que definió como “la globalización de la impotencia”, un fenómeno que, según señaló, agrava las desigualdades y debilita la cohesión social en todo el mundo.
La celebración tuvo lugar en la Basílica de San Pedro, donde el pontífice presidió una misa ante miles de personas en situación de vulnerabilidad. Desde allí, insistió en que no habrá paz duradera sin justicia social, y recordó que la pobreza adopta formas diversas: material, moral, espiritual y afectiva. En este último punto, subrayó que la soledad es una de las expresiones más dolorosas de la pobreza contemporánea, ya que atraviesa y profundiza todas las demás.
Tras la ceremonia, León XIV mantuvo la tradición iniciada por su predecesor y compartió un almuerzo en el Aula Pablo VI junto a 1.300 personas en situación de necesidad. Entre los asistentes se encontraba un grupo de 50 personas trans, cuya presencia fue destacada por organizaciones sociales como un gesto de apertura y reconocimiento hacia colectivos históricamente marginados.



Durante su mensaje, el Papa insistió en que los pobres no deben ser considerados solo destinatarios de ayuda, sino protagonistas de una esperanza firme, capaces de transmitir fortaleza y valores en un mundo atravesado por crisis sociales, económicas y morales. En este sentido, pidió a los responsables de las naciones adoptar políticas que reduzcan la desigualdad y garanticen condiciones de vida dignas para todos.
La Jornada Mundial de los Pobres, instaurada hace nueve años, busca visibilizar las múltiples formas de exclusión que afectan a millones de personas y promover acciones concretas que vinculen asistencia, acompañamiento y participación comunitaria. En esta edición, el mensaje de León XIV se centró especialmente en interpelar a quienes toman decisiones globales, recordando que “la dignidad humana no puede quedar subordinada a intereses económicos o a dinámicas que excluyen”.
El llamado del pontífice resonó entre fieles, organizaciones y representantes religiosos de distintos países, que destacaron el tono firme y la orientación social de sus palabras. Según remarcaron, el mensaje de este año vuelve a colocar en primer plano a quienes más sufren las consecuencias de un mundo desigual y exige respuestas estructurales, integrales y sostenibles.


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