Orquera: en plena homilía, Gvozdriecki recordó al padre Ariel Fessia

Sociedad20/03/2026Xiomara DíazXiomara Díaz

San Joséde Orquera

En el marco de las fiestas patronales en honor a San José, la comunidad de Orquera vivió una de esas celebraciones que trascienden lo litúrgico. Durante la misa central, y en pleno desarrollo de la homilía, el sacerdote Ángel David Gvozdriecki detuvo su mensaje para traer al presente la figura del padre Ariel Fessia, quien fuera párroco de la parroquia San Francisco Solano y falleció el 6 de diciembre de 2025, a los 48 años.

El predio, colmado tras la procesión, quedó en silencio cuando el nombre del sacerdote volvió a escucharse. “Hoy traemos en el corazón al que fue nuestro párroco”, expresó el celebrante. No fue una mención más: fue la irrupción de una ausencia todavía viva en la memoria colectiva. “Desde el cielo nos mira, nos bendice y nos sostiene”, añadió.

La celebración continuó con la proclamación del Evangelio según San Mateo, centrado en la figura de José, el hombre justo que acepta, en silencio y obediencia, el designio de Dios. A partir de ese pasaje, la homilía se desplegó en torno al tiempo de Cuaresma y al llamado a la conversión personal.

Gvozdriecki invitó a los fieles a un ejercicio concreto: mirar hacia adentro. “La Cuaresma habla de cambiar, de dejarnos transformar por la misericordia”, señaló. En ese marco, advirtió sobre el peso de las palabras y los gestos cotidianos: “Estamos llamados a construir y no a destruir, a generar lazos de amor, de paz y de serenidad”.

La figura de San José fue presentada como un modelo vigente. Su humildad, su silencio y su capacidad de sostener sin protagonismo fueron propuestos como guía frente a una realidad marcada por la confrontación. “El único perfecto es el Señor”, remarcó el sacerdote, en alusión a la tendencia humana de juzgar la vida ajena sin revisar la propia.

En ese clima de reflexión, volvió a aparecer la huella del padre Fessia. Gvozdriecki recuperó una de sus frases más recordadas: “Sean felices”. No como consigna liviana, sino como una definición exigente: transformar el mundo desde el amor y no desde la imposición.

La misa avanzó entre la escucha atenta y los gestos contenidos de la comunidad. La celebración de San José no sólo volvió a convocar a los fieles, sino que también reabrió una memoria compartida que, lejos de apagarse, sigue presente en cada palabra y en cada nombre pronunciado en el altar.

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