


JVG: 35 años pedaleando por fe, la devoción intacta de la familia Armella a la Virgen de Huachana
Sociedad28/07/2026
Por Expresión del Sur
Hay caminos que se recorren con las piernas, pero también con el corazón. Para la familia Armella, el camino hacia el Santuario de la Virgen de Huachana, en la provincia de Santiago del Estero, es mucho más que una travesía en bicicleta: es una tradición familiar que nació hace 35 años y que, con el paso del tiempo, se convirtió en una verdadera expresión de fe, agradecimiento y devoción.
Todo comenzó en 1991, cuando Chinato Armella, Chispín Alvarado, Martín Ceballos, Julio More y Alejandro Armella emprendieron aquel primer viaje rumbo al santuario. Las bicicletas eran muy diferentes a las actuales: había bicicletas de doble caño, bicicletas de dama, playeras y las primeras Manresa, todas adaptadas con canastos y portaequipajes sujetos con gomas.


Eran otros tiempos. El viaje se hacía más lento y no existían vehículos de apoyo. Había que pedalear durante largas jornadas y, en el camino, realizar las conocidas “cortadas”. Con esfuerzo, cansancio y seguramente muchas anécdotas, aquellos primeros peregrinos fueron dejando las primeras huellas de una historia que todavía continúa.
“Qué tiempos aquellos”, recuerdan quienes fueron protagonistas de aquellas primeras travesías.
Con los años, las viejas bicicletas fueron dando paso a las modernas mountain bikes, pero hubo algo que nunca cambió: la devoción por la Virgen de Huachana.

Al grupo inicial se fueron sumando Ivana, Paola, Vanesa y Gaby Armella, y luego llegaron más integrantes de la familia: primos, sobrinos, yernos y también amigos. Cada uno se incorporó a esta travesía con la misma ilusión y con un mismo propósito: llegar hasta la Virgen, agradecer y renovar la fe.
Desde el año 2000, además, la familia comenzó a identificarse con una indumentaria que lleva un mismo logo y con una bandera peregrina, diseñada por Silvia Armella, que acompaña cada recorrido y que tiene un significado muy especial: en ella están escritos mensajes y pedidos que dejan amigos y vecinos para que también sean llevados hasta el santuario.
Así, cada pedalada lleva consigo una historia. Cada kilómetro representa una promesa, un agradecimiento o una esperanza. Y aquella pequeña aventura que comenzó en 1991 se transformó en una tradición que atraviesa generaciones.
Hoy, las bicicletas son más modernas, el grupo es más grande y el camino sigue teniendo sus desafíos. Pero la esencia permanece intacta: pedalear juntos, llegar a Huachana y encontrarse una vez más con la Virgen.
Porque para la familia Armella, hay caminos que se hacen una y otra vez. Y hay devociones que, lejos de desgastarse con el paso del tiempo, se vuelven cada año más fuertes.
Fuente: Fernando Barros



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