Cintia ya no está para contarlo pero otra mujer que sobrevivió de los golpes relata su historia

Argentina25/08/2026Carolina SaraviaCarolina Saravia

femicidios

Mientras Metán todavía llora a Cintia Díaz Orellana, un testimonio de una sobreviviente de intento de femicidio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuántas mujeres tienen que sobrevivir al límite para que la violencia deje de ser tomada como una historia más?

En Salta, el nombre de Cintia Díaz Orellana quedó marcado para siempre después de su muerte en Metán. Tenía apenas 20 años, era mamá de un niño de cuatro y tenía una vida por delante. Su muerte, investigada como femicidio, volvió a sacudir a toda la provincia y dejó a una comunidad reclamando justicia.

FB_IMG_1787500488410Falleció la joven de 21 años atacada por su pareja en Metán: el pueblo exige justicia

Y mientras el dolor todavía está presente, aparece otra historia que obliga a detenerse.

Una mujer que sobrevivió a un intento de femicidio en Mendoza decidió contar lo que vivió. Su testimonio reconstruye una situación de extrema violencia y muestra, desde la voz de quien estuvo allí, algo que las estadísticas muchas veces no consiguen transmitir: el miedo, la indefensión y la sensación de que la propia vida puede quedar en manos de otra persona.

“Sentí como que ya no estaba”

La sobreviviente relató ante la prensa el momento en que su expareja la atacó. Su testimonio es estremecedor, pero más importante que los detalles del ataque es lo que representa: una mujer que consiguió salir con vida de una situación que pudo terminar de otra manera.

Fabián Robledo le pidió a su expareja que lo llevara hasta Costa de Araujo, Lavalle, donde supuestamente le habían ofrecido una changa. Eran las 17. La moto en la que circulaban ingresó por un camino de tierra hasta un descampado. Según la Fiscalía, allí ocurrió el intento de femicidio.

Fabián le pidió a la mujer que se detenga porque no tenía buena señal del celular para llamar a la persona que buscaban. "Empecé a sentir miedo y le dije que me había llevado ahí para matarme, pero empezó a reír sarcásticamente", declaró la víctima en la causa penal.

"Se colocó detrás mío y pensé que me iba a abrazar, pero me agarró del brazo derecho, me levanto y me empezó a ahorcar. Me tiró al piso. No le podía ver la cara por el sol. Luego sentí como que ya no estaba. Era porque me faltaba el aire", narró la mujer.

"Pude tomar un poco de oxígeno y le dije que pensara en sus hijos. Le decía que pensara lo que hacía. Luego pensaba en encontrar algo para lastimarlo, para que me soltara. Es como que iba y volvía con el conocimiento, por momentos estaba consciente y por momentos no sabía qué pasaba", detalló la víctima del episodio de violencia de género.

El hombre acusado admitió haber intentado cometer el femicidio y la Justicia analiza ahora cómo continuará la causa, incluida la posibilidad de resolverla mediante un juicio abreviado.

Y ahí aparece el punto que no debería perderse entre expedientes, audiencias y titulares. Ella sobrevivió. Cintia no.

Silos de MetánLa dejó al borde de la muerte y fue a la comisaría: ocurrió en Metán

Dos historias que no deberían encontrarse

No se trata de comparar a dos mujeres ni de convertir el dolor de una en contexto para la historia de otra.

Se trata de entender que ambas historias hablan de una misma problemática: la violencia contra las mujeres puede avanzar hasta consecuencias irreparables cuando las señales de alarma no son escuchadas, cuando los entornos no alcanzan a proteger y cuando la violencia se naturaliza.

El caso de Cintia volvió a poner esa discusión en las calles de Metán. La joven fue despedida por familiares, amigos y vecinos, mientras la Justicia imputó a su pareja por un homicidio agravado por el vínculo, la violencia de género, la alevosía y el ensañamiento.

Hoy, apenas días después, otro relato vuelve a golpear sobre la misma herida.

La pregunta que queda flotando

¿Cuántas veces una mujer tiene que decir que algo no está bien para que alguien la escuche?

¿Cuántas señales pasan inadvertidas antes de que una situación termine en una tragedia?

¿Cuántas historias quedan encerradas en el silencio porque la mujer que las vivió todavía no puede —o no se anima— a contarlas?

No todas las historias terminan como la de Cintia. Pero ninguna mujer debería tener que llegar al límite para que su vida sea tomada en serio.

Por eso, contar el testimonio de una sobreviviente no es solamente contar un caso policial. Es hablar de prevención. Es hablar de señales. Es hablar de acompañamiento. Y, sobre todo, es recordar que detrás de cada expediente hay una mujer, una familia y una vida que puede cambiar para siempre.

En Metán hoy hay una familia que llora a Cintia y una comunidad que pide justicia. En otra parte del país, una mujer que sobrevivió decidió romper el silencio.

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