


Cargnello: “La agresión es signo de debilidad”: el mensaje que escuchó Salta
Actualidad15/09/2026
Xiomara DíazAnte una multitud de fieles y peregrinos, monseñor Mario Antonio Cargnello pronunció una homilía centrada en la paz durante la renovación del Pacto de Fidelidad al Señor y la Virgen del Milagro. Su mensaje abarcó la vida familiar, la convivencia social, el lenguaje público, la defensa de los más vulnerables y los problemas que preocupan a la Argentina.
“Cristo es nuestra paz”, expresó al comienzo de su reflexión. A partir de esas palabras, sostuvo que la paz no consiste solamente en evitar los conflictos, sino que exige revisar conductas, reparar vínculos y asumir responsabilidades frente a los demás.
El arzobispo recordó que la devoción al Señor y la Virgen del Milagro está unida a la historia de Salta desde los terremotos de 1692. También señaló que el Pacto de Fidelidad, celebrado desde 1845, representa una relación sostenida durante generaciones entre las imágenes tutelares y un pueblo que cada septiembre vuelve a reunirse para agradecer, pedir y renovar su fe.


La mentira y la agresión, dos obstáculos para la convivencia
Uno de los ejes de la homilía fue el valor de la verdad. Cargnello advirtió que la mentira deteriora los vínculos, enferma la vida familiar, destruye la confianza y alcanza también a la economía, la política y las relaciones sociales.
Cuestionó, además, la naturalización de la difamación y la calumnia. Frente a esas prácticas, pidió recuperar una manera de hablar que no humille ni convierta al otro en un enemigo.
“Debemos cultivar un lenguaje que respete, que no insulte, desprecie o maltrate al otro”, afirmó. El llamado estuvo dirigido a las familias y las escuelas, pero también a los medios de comunicación, las redes sociales y quienes tienen responsabilidades de conducción.
“La agresión es signo de debilidad, no de fortaleza”, remarcó. Según sostuvo, la Argentina necesita una sociedad sostenida por el respeto y la fraternidad, capaz de resolver sus diferencias sin recurrir al agravio.
El pedido a los jóvenes
Cargnello dedicó una parte especial de su mensaje a los jóvenes. Los alentó a no tener miedo al amor, a la vida ni a los compromisos duraderos. Habló del noviazgo y el matrimonio como relaciones que no se sostienen únicamente en los sentimientos, sino que requieren diálogo, paciencia, perdón y trabajo cotidiano.
“No tengan miedo de amarse para toda la vida”, les pidió.
También señaló que los niños necesitan crecer rodeados por el afecto y el respeto de sus padres. En ese sentido, presentó a la familia como el primer lugar donde una persona aprende a convivir, cuidar al otro, perdonar, servir y sentirse parte de una comunidad.
Su llamado alcanzó igualmente a los adultos y ancianos. A los jóvenes les pidió que ayudaran a las generaciones mayores a mirar con esperanza el futuro del país.
La defensa de la vida y el cuidado de los más débiles
Durante la homilía, el arzobispo sostuvo que una sociedad debe ser evaluada por la manera en que trata a quienes no pueden defenderse por sí mismos. Mencionó al niño por nacer, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio y a toda persona que depende del cuidado ajeno.
Defendió el valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural y afirmó que su protección no debe considerarse una cuestión reservada únicamente a la religión.
Según expresó, cuando ese principio se debilita, los sectores más vulnerables son los primeros afectados. Por eso, consideró que la grandeza moral de una nación se advierte en su capacidad para acompañar y proteger a quienes atraviesan situaciones de mayor fragilidad.
Tres tareas para construir la paz
Cargnello propuso tres compromisos: emplear un lenguaje que cuide la paz, recuperar el lugar de la familia y trabajar por la justicia.
Para explicar la primera tarea, recordó el ejemplo de San Francisco de Asís y retomó el pedido del papa León XIV de contribuir a una paz “desarmada y desarmante”, sostenida en la humildad y la perseverancia.
La segunda propuesta estuvo vinculada con el fortalecimiento de la familia como base de la comunidad. Allí, explicó, se encuentran distintas generaciones y se transmite una memoria que da continuidad a la sociedad.
La tercera tarea fue trabajar por la justicia. El arzobispo pidió confiar en el valor de las acciones honestas y combatir la corrupción en cualquiera de sus manifestaciones. También exhortó a no abandonar la posibilidad de construir una Argentina mejor.
En ese tramo se refirió al avance de las drogas y al sufrimiento que provoca entre jóvenes, niños y familias. Reclamó que la sociedad no naturalice el consumo ni permanezca indiferente ante quienes necesitan ayuda. El narcotráfico, advirtió, causa muerte, pobreza y rupturas familiares. Sobre este punto formuló uno de los pedidos más severos de su mensaje: “Digamos basta”.
El ejemplo de los peregrinos
Hacia el final, Cargnello destacó el esfuerzo de los peregrinos que llegaron desde distintos puntos de Salta y del país. Señaló que su perseverancia despierta una extensa red de solidaridad y agradeció a quienes, durante estos días, ofrecieron comida, agua, atención sanitaria, alojamiento o acompañamiento.
Para el arzobispo, esa respuesta colectiva convierte al Milagro en una expresión de ayuda social que va más allá de lo estrictamente religioso. La pregunta que dejó ante los fieles fue por qué esa disposición para cuidar al otro no podría mantenerse durante todo el año.
El Pacto de Fidelidad quedó así planteado como algo más que una promesa pronunciada frente a las imágenes. Cargnello lo presentó como una obligación personal y comunitaria: decir la verdad, cuidar la palabra, proteger la vida, fortalecer las familias, trabajar con honestidad y hacerse cargo de quienes necesitan ayuda.
“Señor, haz de nosotros instrumentos de tu paz”, pidió ante la multitud, antes de convocar a los fieles a llevar ese compromiso a la vida diaria.


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