


Lluvias e inundaciones: qué advierte la OMM sobre El Niño para fin de año
Sociedad10/10/2026
Xiomara Díaz
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que El Niño alcance su mayor intensidad en diciembre de 2026, con efectos sobre las lluvias y las temperaturas que continuarán durante los primeros meses del próximo año. El pronóstico ubica al sudeste de Sudamérica entre las regiones con mayor probabilidad de registrar precipitaciones superiores a las habituales.
El informe publicado el 8 de octubre proyecta un calentamiento excepcional de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Para el trimestre octubre-diciembre, la anomalía podría llegar a 3,7 grados por encima del promedio, un valor que superaría los registros anteriores del índice Niño 3.4, utilizado para seguir la evolución del fenómeno.


La persistencia del episodio también presenta un alto grado de certeza. Según la OMM, la probabilidad de que El Niño continúe hasta febrero de 2027 se acerca al 100%. Su intensidad, sin embargo, no permite anticipar por sí sola la gravedad de las consecuencias en cada país: intervienen la época del año, las condiciones regionales y otros factores climáticos.
El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos coincide en que el fenómeno seguirá fortaleciéndose hacia fin de año. Su actualización de octubre asigna una probabilidad superior al 83% a la continuidad de condiciones fuertes o muy fuertes durante el trimestre enero-marzo de 2027.
Para la Argentina, el seguimiento requiere distinguir las previsiones generales de los pronósticos de cada zona. Una mayor probabilidad de lluvias estacionales no equivale a una inundación asegurada ni permite fijar cuándo ocurrirá una tormenta. La OMM señala que sus proyecciones deben complementarse con la información de los servicios meteorológicos nacionales y locales.
En la región pampeana, la posibilidad de mayores precipitaciones vuelve a poner bajo observación las condiciones de los sectores expuestos a anegamientos. Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, sostuvo que el análisis debe incluir tanto la infraestructura como la situación de las familias que viven en esas áreas.
“La misma inundación no produce el mismo daño”, explicó. Según el investigador, las condiciones de las viviendas y los recursos disponibles en cada hogar influyen en las pérdidas que puede causar el agua y en las posibilidades de recuperación.
Araujo advirtió que los rellenos, la expansión urbana sobre humedales y las deficiencias de saneamiento agravan el riesgo. Por eso, planteó que las obras hidráulicas deben complementarse con mapas de riesgo actualizados, sistemas de alerta temprana y medidas que preserven la capacidad natural de absorber y evacuar el agua.



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