

Pilcomayo: la lucha silenciosa de un poblador por no dejar su hogar
Don Lucio Rojas, de 86 años, decidió permanecer en su vivienda en Santa Victoria Este pese a las inundaciones provocadas por el desborde del Pilcomayo. Se internó en el agua para rescatar animales, contrajo una infección pulmonar y debió ser trasladado a Córdoba. Luego de un mes de internación, regresó por voluntad propia a su hogar.
Sociedad11/04/2025
Por Expresión del Sur
En el extremo noreste salteño, donde el desborde del Pilcomayo condiciona la vida cotidiana, Don Lucio Rojas, de 86 años, decidió no abandonar su vivienda en Santa Victoria Este a pesar de las inundaciones que afectaron a la región. Durante la crecida, se internó en el agua para intentar rescatar a sus animales, lo que derivó en una infección pulmonar que requirió su internación en Córdoba. Tras treinta días de tratamiento, regresó por decisión propia a su hogar.


“Me metí a hacer algo y me pasé de rosca. Hice lo que no tenía que hacer, pero es lo nuestro y uno trata de salvar lo que puede”, dijo el hombre, al referirse al episodio que lo puso en riesgo. Su expresión no es meramente anecdótica, representa la elección de permanecer en el lugar donde formó su familia y donde, según afirma, desea ser sepultado.
Don Lucio nació y se crio a orillas del Pilcomayo. Conoce el comportamiento del río, sus ciclos, y también las consecuencias de la intervención humana. “Al río nadie le ayuda, todos pateamos en contra de él. El río no sabe qué hacer con su cauce. Y cada vez que crece, nos muestra su fuerza, su tristeza”, señaló, con una claridad que interpela más allá de su entorno.
Las inundaciones en Santa Victoria Este son una problemática recurrente. Cada año, comunidades originarias y campesinas deben enfrentarse a situaciones de emergencia, con escasa infraestructura de contención. En ese contexto, la historia de Don Lucio expone la fragilidad en la que viven muchas familias del chaco salteño, así como la falta de obras hídricas duraderas y presencia estatal efectiva.
“Estuve en Córdoba, 30 días, y al 31 armé la valija y me volví. Extrañaba mi tierra… ahí pienso dejar mis huesos”, expresó con serenidad. A su edad, eligió volver a su lugar, el mismo en el que escucha a las charatas al amanecer y cuida los árboles que plantó con sus manos. En su entorno más cercano, aborígenes y vecinos colaboran con su cuidado diario, reconociendo en él no solo a un poblador histórico, sino a un referente silencioso de la dignidad rural.


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