A 50 años del golpe, un mural reaviva memoria y justicia en Metán

Sociedad25/03/2026Xiomara DíazXiomara Díaz

Mural

A medio siglo del inicio de la última dictadura militar, la memoria no se archiva ni se diluye; se construye, se discute y se vuelve visible. En la ciudad de Metán, esa construcción encontró una forma en un mural recientemente realizado en el Paseo de la Memoria, un espacio que, lejos de lo ornamental, funciona como punto de encuentro entre el pasado y el presente.

La intervención, de trazo directo y lectura inmediata, sintetiza en imágenes una de las consignas más repetidas en estas fechas: memoria, verdad y justicia. Pero lo hace desde un lenguaje que no apela a la grandilocuencia, sino a la persistencia de símbolos que se han vuelto parte del repertorio colectivo argentino.

El mural es resultado de un trabajo conjunto; por un lado, el pañuelo con la consigna “Florecerán pañuelos” forma parte de una intervención del artista metanense Mauricio Sánchez, realizada en nombre de la Municipalidad de San José de Metán; por otro, el resto de la obra fue llevado adelante por la Comisión de Derechos Humanos de Metán.

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Sobre el muro, la frase “La memoria se cultiva” aparece acompañada por una serie de figuras blancas que remiten a los pañuelos, convertidos ya en emblema de las Madres de Plaza de Mayo. No hay nombres propios ni fechas puntuales; hay una representación de lo ausente. Esos pañuelos, multiplicados como flores, remiten tanto a la búsqueda como al paso del tiempo, a una memoria que no se detiene pero que tampoco se resuelve.

En otro sector del mural, un pañuelo blanco —esta vez cargado de colores en su interior— deja ver figuras humanas y elementos naturales. La imagen sugiere una lectura menos literal: lo que fue ocultado, lo que se intentó borrar, vuelve a emerger. No como reconstrucción exacta, sino como fragmento, como relato que se recompone desde distintos lugares.

A un costado, tres pilares verticales llevan inscriptas las palabras “Memoria”, “Verdad” y “Justicia”. La disposición no es casual. Se presentan como estructuras firmes, casi institucionales, en contraste con las formas más libres del resto del mural. Allí aparece otra dimensión del proceso: la de las políticas públicas, los juicios, los debates que, con avances y retrocesos, marcaron la vida democrática desde 1983.

La escena, en su conjunto, dialoga con lo que distintas voces vienen señalando desde hace años: la memoria no es un hecho cerrado, sino un campo en permanente construcción. En esa línea, los relatos recogidos en la ciudad —como los que fueron expuestos recientemente en ámbitos locales— refuerzan la idea de que lo ocurrido no puede reducirse a una única versión ni a una cronología simplificada.

A 50 años del golpe, sus consecuencias siguen presentes en las historias familiares, en los silencios y en las marcas que persisten incluso en quienes no fueron protagonistas directos. La figura del desaparecido, en ese sentido, continúa siendo uno de los núcleos más complejos, no sólo por la violencia que implicó, sino por la imposibilidad de cerrar el duelo.

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El mural no intenta responder esas preguntas. Tampoco busca ordenar el pasado. Su función parece ser otra; instalar la memoria en el espacio público, sacarla del ámbito exclusivamente conmemorativo y devolverla a la vida cotidiana de la ciudad.

En un contexto donde las discusiones sobre lo ocurrido en los años 70 vuelven a ocupar el centro del debate, intervenciones como esta reafirman una idea básica pero persistente: la memoria no se transmite sola. Se construye, se disputa y, como señala la propia obra, se cultiva.

Metán, con este gesto, vuelve a ponerse frente a su propia historia. Sin artificios: a 50 años del golpe, nada está cerrado.

Mural - Metán - copia

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