



En tiempos donde todo se filma y todo circula, también crecen las operaciones. Y en esa lógica, el video mal intencionado que buscó instalar sospechas sobre el uso de insumos sociales en El Galpón no es un hecho aislado: es parte de una forma de hacer política que apuesta más a confundir que a informar.
Porque hay algo que no se puede pasar por alto: los elementos mostrados no estaban ocultos, ni escondidos en una casa particular, ni fuera del control institucional. Estaban en un edificio municipal, a la vista de todos, funcionando como depósito del área social. Es decir, en el lugar donde deben estar.


La diferencia no es menor. En un contexto de emergencia hídrica reciente, con asistencia a cientos de familias y miles de insumos distribuidos, resulta al menos irresponsable recortar una imagen, sacarla de contexto y pretender instalar una sospecha. Más aún cuando se trata de recursos destinados a contingencias, operativos sociales y asistencia en zonas rurales.
La política no puede reducirse a un video de pocos segundos. Gobernar implica planificar, prever y administrar. Y eso incluye tener stock, organizar la distribución y garantizar que la ayuda llegue cuando corresponde, no cuando conviene a una publicación.
También hay un límite. Porque cuando se juega con este tipo de temas, no solo se intenta dañar a una gestión: se pone en duda un sistema de asistencia que involucra a trabajadores, instituciones y vecinos que necesitan respuestas.
Así no se construye. Y claramente, así no se ganan elecciones.
La discusión pública necesita más responsabilidad y menos oportunismo. Más datos y menos recortes. Más verdad y menos espectáculo. Porque cuando la política se convierte en un show de redes, los que terminan perdiendo son siempre los mismos.


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