Miraflores: la torre en ruinas de un pueblo que alguna vez fue próspero y poderoso

Sociedad23/05/2026José Alberto CoriaJosé Alberto Coria

TORRE

En el marco de las actividades organizadas por la Municipalidad de El Galpón por el 127° aniversario de la creación del Municipio, se realizó este jueves un importante conversatorio histórico y cultural que puso en valor la memoria, los orígenes y la identidad de la región.

La jornada reunió a investigadores, docentes, vecinos y autoridades, con exposiciones a cargo del profesor Fabio Bárquez, la profesora Nora Paz, el sr. Miguel Vanetta, el sr. Eduardo Joaquín, la doctora Sara Mata, la doctora Telma Chaile, el profesor Facundo Rueda y la profesora Serena Liendro.

Ruinas de MirafloresUna historiadora visitó por primera vez las ruinas que investigó durante años

También participaron el intendente Federico Sacca, el director de Turismo Horacio Vizgarra, el secretario de Hacienda Leonardo Moya, concejales y público en general. La transmisión completa fue realizada en vivo por Expresión del Sur.

Sin embargo, uno de los momentos más reveladores del encuentro estuvo marcado por la exposición de la Dra. Sara Mata, reconocida historiadora e investigadora del CONICET, quien dedicó gran parte de su trayectoria académica al estudio de la antigua Reducción de San Esteban de Miraflores, fundada en 1711 y considerada uno de los asentamientos jesuíticos más importantes del sur salteño.

Horas antes del conversatorio, Mata y parte de los expositores recorrieron las ruinas de Miraflores, ubicadas a pocos kilómetros de El Galpón.

“Tanta tristeza sentí al ver lo que queda de este lugar que supo ser muy próspero”, expresó con visible emoción.

Una “frontera” que en realidad era un mundo en construcción

Durante su exposición, Mata explicó que el territorio del actual sur salteño no era una frontera entendida como límite geográfico, sino un espacio dinámico y cambiante, atravesado por pueblos originarios, órdenes religiosas, misiones evangelizadoras y procesos económicos que transformaron profundamente la región.

Recordó que los jesuitas llegaron tardíamente a Salta y que recién hacia 1690 comenzaron a instalarse en la zona, iniciando años después la experiencia de las reducciones en el Chaco salteño.

Sara Mata

La historiadora destacó además el enorme nivel intelectual, organizativo y productivo de la Compañía de Jesús en toda América Latina.

“Eran muy buenos arquitectos, músicos y cronistas. Gran parte de lo que sabemos hoy sobre las haciendas y las reducciones quedó registrado gracias al orden extraordinario que tenían los jesuitas en su documentación”, señaló.

La iglesia de Miraflores: una de las más importantes de toda la frontera chaqueña

Uno de los aspectos que más sorprendió a los presentes fue la descripción detallada de la iglesia de Miraflores, basada en inventarios históricos realizados tras la expulsión de los jesuitas en 1767.

Según relató Mata, el templo era considerado uno de los más importantes de toda la frontera del Chaco.

Poseía techos a tijera de madera y tejas, un altar mayor dorado con ocho nichos, además de dos retablos y altares colaterales de gran valor artístico.

Sacca

El púlpito estaba tallado en madera y existían dos confesionarios pintados al óleo y dorados, reflejando el nivel de desarrollo y refinamiento alcanzado por la misión.

Cerca de la entrada había pilas de agua bendita de madera y una pequeña pila de plata.

La música ocupaba un lugar central en la vida religiosa y cultural de la reducción. El coro disponía de un órgano, un arpa, dos violines grandes y seis violines pequeños que acompañaban las celebraciones litúrgicas.

Además, cuatro campanas repicaban desde el campanario convocando a los fieles.

Junto a la iglesia funcionaban la sacristía y siete cómodos cuartos destinados a la residencia de los jesuitas, incluyendo espacios para almacén y despensa. También había cocina y refectorio.

Una biblioteca extraordinaria en medio del monte salteño

Otro de los datos que generó asombro fue el nivel educativo y cultural que llegó a tener Miraflores en pleno siglo XVIII.

La reducción poseía una importante biblioteca con más de 80 títulos, entre ellos gramáticas de lengua lule, guaraní y quechua, además de textos filosóficos y políticos utilizados por los religiosos.

Conversatorio

Para la época, contar con semejante cantidad de libros en un asentamiento ubicado en plena región chaqueña representaba un verdadero símbolo de formación intelectual y organización.

Mata explicó además que los jesuitas registraban meticulosamente bautismos, confirmaciones y defunciones, manteniendo incluso cuadernos con los nombres de todos los indígenas que habitaban la reducción.

Un gigante económico en el sur salteño

La exposición permitió comprender que Miraflores no era únicamente una misión religiosa.

Era además un enorme centro económico y productivo.

Según los inventarios históricos citados por la investigadora, la reducción contaba con más de 12 mil cabezas de ganado vacuno, una cifra gigantesca para la época.

Leo Moya

También poseía alrededor de 300 bueyes destinados a tareas agrícolas y al transporte en carretas que llevaban harina, cebo y jabón hacia la ciudad de Salta.

La misión disponía de carpintería, herrería, curtiembre, jabonería y tejeduría, produciendo tanto para el abastecimiento interno como para el comercio regional.

La actividad económica de Miraflores era tan importante que abastecía incluso al colegio jesuita de Salta.

El comienzo del deterioro

Mata explicó que tras la expulsión de los jesuitas comenzó el lento declive de las reducciones.

La administración económica pasó a manos de las llamadas “temporalidades”, funcionarios de la corona española que quedaron a cargo de los bienes.

Los franciscanos continuaron únicamente con la evangelización.

Con el paso de los años comenzaron las denuncias por saqueos, mal manejo de recursos y utilización del ganado y de las propias reducciones para beneficios particulares.

Las tierras fueron perdiéndose en medio de disputas y remates, mientras los edificios quedaban abandonados.

En 1803, la iglesia de Miraflores ya aparecía en documentos oficiales como prácticamente destruida y amenazada por las lluvias.

El ganado había disminuido drásticamente y gran parte de la población indígena había abandonado el lugar.

Las ruinas que todavía resisten

Las imágenes tomadas durante la recorrida muestran hoy apenas fragmentos de aquel enorme asentamiento jesuítico.

Entre la vegetación y el silencio del monte, aún resisten paredes y estructuras de ladrillo colonial que sobreviven al paso del tiempo.

La histórica torre de Miraflores aparece hoy deteriorada y cubierta por la naturaleza, convertida en símbolo de una historia inmensa que todavía permanece viva en la memoria de la región.

El conversatorio dejó una reflexión profunda entre los presentes: cómo un sitio que alguna vez fue centro religioso, cultural, económico y educativo del sur salteño terminó reducido a ruinas ocultas entre el monte.

Pero también dejó en claro que Miraflores aún conserva un valor histórico enorme y que recuperar su memoria es también recuperar parte de la identidad de El Galpón y de toda la región.

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