Basura y animales muertos: la suciedad que vuelve después de limpiar Metán

Ambiente14/10/2026Xiomara DíazXiomara Díaz

basura metán

Caballos muertos, restos de otros animales y basura en descomposición forman parte de una situación que se repite en Metán: se limpian los espacios públicos, se retiran los residuos y, después, vuelven a utilizarse como lugares de descarte. El trabajo de saneamiento deja sectores despejados, pero no alcanza para mantenerlos en esas condiciones cuando continúa el abandono de basura.

En la zona oeste, las tareas municipales comprenden canales, accesos, veredas, espacios comunes y sectores destinados a la disposición de residuos. Una de las intervenciones recientes fue la limpieza y el acondicionamiento del cesto ubicado en Alem y Entre Ríos, en Los Laureles, utilizado por vecinos de la zona.

Ese trabajo permite recuperar un lugar para su uso. Lo que sucede después expone el problema que las máquinas y las cuadrillas no pueden resolver por sí solas; la conducta de quienes dejan los desperdicios donde les resulta conveniente, aunque ese lugar sea una vereda, un acceso o un espacio compartido.

La presencia de animales muertos muestra hasta dónde llega esa práctica. Un caballo abandonado no es una bolsa fuera del cesto ni un residuo disperso. Es un cuerpo en descomposición dejado en un lugar que otros vecinos tienen que seguir utilizando. A su alrededor, la acumulación de basura agrava el deterioro del sector y obliga a intervenir nuevamente.

La diferencia entre el antes y el después de una limpieza permite entenderlo sin consignas. Donde había residuos, queda un espacio despejado. Cuando vuelve el descarte, ese mismo sitio recupera la suciedad que acababa de retirarse. El saneamiento debe empezar otra vez y los habitantes del entorno vuelven a convivir con las consecuencias.

Los pedidos de cuidado se han reiterado. También las recomendaciones de utilizar los lugares correspondientes para depositar la basura. Sin embargo, la repetición del problema muestra que esos llamados no han sido suficientes para modificar las prácticas de quienes siguen arrojando residuos en los espacios públicos.

Esto no implica atribuir la responsabilidad a toda la comunidad. Los vecinos que disponen correctamente sus residuos también padecen la basura que otros abandonan. Comparten las mismas calles y accesos, sin haber provocado su deterioro.

La limpieza y el mantenimiento son obligaciones municipales. Pero cada intervención pierde duración cuando el lugar saneado vuelve a convertirse en un depósito de desperdicios. En Metán, la persistencia de basura en descomposición y animales muertos deja una realidad difícil de suavizar... hay espacios que se recuperan con trabajo y vuelven a deteriorarse por decisiones de quienes los ensucian.

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