

El autocuidado en el consumo de agua y alimentos es fundamental para prevenir salmonelosis
Por Expresión del Sur
El Ministerio de Salud Pública, a través del programa de Bromatología, comparte con la comunidad pautas de cuidado para un verano seguro, en prevención de la fiebre paratifoidea o salmonelosis y otras enfermedades que se transmiten por alimentos o agua.
Estas pautas tienen por objetivo disminuir la ocurrencia de casos de esas enfermedades y las complicaciones en la salud de las personas, fundamentalmente en niños, adultos mayores y personas inmunosuprimidas, que son los más vulnerables.
La fiebre paratifoidea, también llamada salmonelosis es producida por la bacteria salmonella paratyphi, que se transmite, principalmente, a través de agua y alimentos contaminados con materia fecal u orina de personas que portan la bacteria.


Cómo prevenir
Para prevenir la fiebre paratifoidea y otras enfermedades que se transmiten por alimentos, es fundamental el uso de agua segura, es decir que, por sus condiciones y tratamiento, no contiene gérmenes ni sustancias tóxicas que puedan afectar la salud de las personas.
El agua segura debe usarse:
Para beber
Para cocinar
Para limpiar alimentos y superficies que estén en contacto con ellos
Para hacer hieloPara lavado de manos y dientes
Para preparar jugos, infusiones, alimentos y fórmulas lácteas
Cómo obtener agua segura
Si el agua no es potable, como la de pozo u otras fuentes, hervirla durante 2 o 3 minutos como mínimo.
También se la puede tratar con lavandina, verificando que el rótulo del envase contenga la leyenda “apta para desinfectar agua y alimentos” y que el producto esté registrado en ANMAT.
Si se usa lavandina concentrada (en el rótulo dice: 55 g de cloro por litro), se debe colocar dos gotas por cada litro de agua a tratar.
Si el rótulo indica “25 g de cloro por litro” se debe colocar cuatro gotas por cada litro de agua a tratar.
Luego de agregada la lavandina, dejar reposar 30 minutos antes de consumir el agua o utilizarla para otros usos.
Mantener limpios, desinfectados, tapados y sin grietas, tanques, cisternas y otros reservorios de agua para uso doméstico.
El agua que se usa para el riego de cultivos y huertos debe ser de fuente segura. Restringir el acceso de animales. Evitar el uso de abonos no tratados.


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