


A un mes y medio de las Fiestas: la Argentina entre el cansancio y la esperanza
Xiomara Díaz
Faltan poco más de seis semanas para Navidad y apenas siete para que termine el año. En las calles, los primeros adornos comienzan a aparecer tímidamente en los comercios y vidrieras, mientras en los hogares todavía no se habla de armar el arbolito. La Argentina entra en la recta final del año con una mezcla de expectativas, cansancio y preocupación económica que se hace sentir en todos los ámbitos.
El 2025 llega a su cierre en un clima de contrastes; por un lado, las dificultades económicas que atraviesan las familias, con precios que no dan tregua y salarios que se ajustan tarde; por el otro, el deseo persistente de reencontrarse, de celebrar lo que se pueda, aunque sea con modestia. Las fiestas de fin de año —que siempre fueron sinónimo de mesa larga, brindis y balance— hoy se planifican con prudencia, priorizando el afecto y la cercanía antes que el gasto.
En los supermercados se percibe un ritmo más lento que en otros años. Los proveedores reconocen que las compras navideñas se concentran cada vez más cerca de la fecha, cuando los aguinaldos o los ingresos extraordinarios permiten estirar un poco el bolsillo. En muchas familias, las listas de regalos se acortan, y los brindis se organizan de manera compartida, dividiendo gastos y tareas.


Los psicólogos y especialistas en salud mental advierten que, más allá de lo económico, el fin de año suele traer consigo una carga emocional particular. La necesidad de cerrar etapas, los balances personales y la sensación de agotamiento colectivo se combinan con el deseo de cambio. En un país donde la incertidumbre es parte del paisaje, el cierre de año actúa como un respiro simbólico, una pausa que muchos necesitan para recomenzar.
En plazas y ferias, los primeros pesebres artesanales conviven con las luces que empiezan a poblar los centros urbanos. Aun en medio de la inestabilidad, se percibe la necesidad de sostener las tradiciones; el árbol, la cena familiar, el reencuentro. Pequeños gestos que conservan su valor incluso en tiempos difíciles.
Cuando el calendario marca 12 de noviembre, la cuenta regresiva hacia las Fiestas ya empezó. Faltan 43 días para la Nochebuena y 50 para el Año Nuevo. El país avanza con paso cansado, pero sin perder del todo la costumbre de esperar diciembre con algo de esperanza, esa que, a pesar de todo, sigue apareciendo entre luces, mesas compartidas y abrazos que valen más que cualquier regalo.


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