


Sergio Camacho, el superministro que ordenará la nueva etapa del saencismo
José Alberto Coria
Entre los movimientos en análisis, la consolidación de Sergio Camacho como jefe de Gabinete es el de mayor peso político. La reforma de la Ley de Ministerios creó un cargo robusto, con facultades que integran infraestructura, relaciones políticas y coordinación de la gestión. El nuevo organigrama lo transforma en una figura sin antecedentes recientes en la estructura provincial.
Camacho fue, durante toda la gestión, el ministro más eficiente, comprometido y resolutivo de Gustavo Sáenz. Con obra pública en caída, conflicto territorial y una economía provincial golpeada por la recesión, se convirtió en la pieza que sostuvo el equilibrio interno. Su ascenso formal solo reconoce una realidad que ya se veía en la práctica: Camacho era quien absorbía problemas y ejecutaba soluciones.
Ahora, su figura se potencia: será el ordenador del gabinete, el enlace con los municipios, el articulador político y el responsable de sostener una agenda de gestión que necesita resultados rápidos y precisos. La pregunta es si esta concentración de poder generará tensiones internas o si será el motor que le devuelva ritmo a una administración desgastada.


Lo que está claro es que Sáenz deposita en él confianza absoluta, tanto para blindar el frente político como para conducir los próximos dos años de gestión.
Otros movimientos en Grand Bourg
Además del ascenso de Camacho, es inminente la llegada de Ignacio Jarsún al Ministerio de Gobierno, mientras que Gustavo Carrizo aparece como el elegido para conducir el nuevo Ministerio de Producción y Minería.


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