


Las imágenes que dejó la inundación en El Galpón son elocuentes. Calles anegadas, viviendas afectadas, familias evacuadas -alrededor de 240 vecinos- y una comunidad golpeada por la fuerza de la naturaleza. Frente a eso, hay dos caminos posibles: buscar culpables o trabajar juntos. El Galpón, en su gran mayoría, eligió el segundo.


Cuando los desastres naturales irrumpen, no preguntan colores políticos, diferencias personales ni debates pendientes. Llegan y arrasan. Y es allí donde se pone a prueba lo mejor -o lo peor- de una sociedad.
En esta ocasión, es justo reconocer a quienes estuvieron desde el primer momento. El intendente Federico Sacca, como guía y principal conductor de su comunidad, siguió la situación desde la madrugada del viernes; a las 3 ya estaba atento a la intensidad de las lluvias y, con los primeros reportes de la mañana, activó el Comité de Crisis. Desde entonces, su presencia en el terreno fue constante, coordinando acciones y acompañando a los vecinos.
También merece destacarse el trabajo de los equipos municipales, de los agentes de la Salud Pública, de los bomberos, policías y voluntarios que pusieron el cuerpo en horas difíciles. Del mismo modo, la rápida presencia del Gobierno de la Provincia, con el ministro de Desarrollo Social, Mario Mimessi, y el ministro de Seguridad, Gaspar Solá Usandivaras, mostró un esquema de respuesta que buscó atender la urgencia. La llegada del gobernador Gustavo Sáenz a la localidad este domingo reforzó ese mensaje de acompañamiento. Sin dejar de mencionar a legisladores, concejales e incluso dirigentes de la oposición -La Libertad Avanza-, organizando campañas solidarias para ayudar a los vecinos.
Pero si hay algo que sobresale por encima de todo es la solidaridad de la gente. Vecinos que comparten un pan, que organizan ollas populares, que acercan ropa, colchones o simplemente una mano para limpiar. Salteños de distintos puntos de la provincia impulsando campañas para ayudar a El Galpón. Esa red silenciosa de gestos es la que verdaderamente sostiene a una comunidad en momentos críticos.
Por supuesto que siempre habrá tiempo para analizar, corregir y mejorar lo que haga falta. La autocrítica y la planificación son necesarias. Pero en medio del dolor y la urgencia, la confrontación estéril poco aporta y mucho divide.
Las tragedias naturales nos recuerdan algo esencial: solos somos más vulnerables, juntos somos más fuertes. El Galpón hoy da una muestra de ello. Y quizás esa sea, dentro de la adversidad, una señal de esperanza.



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