



Carnaval paralizó la semana. Este jueves, paro nacional. Y en la provincia, el viernes se suma el feriado por el aniversario de la Batalla de Salta.
En pocos días, la actividad vuelve a frenarse. Oficinas cerradas, trámites postergados, servicios resentidos, comercios trabajando a medias. La postal se repite y la pregunta empieza a escucharse cada vez más fuerte en la calle: ¿quién absorbe el costo real de tantos días sin actividad plena?


El derecho a huelga es constitucional. Los feriados forman parte de nuestra historia e identidad. Eso no está en discusión.
Lo que sí merece discusión es el impacto acumulado en una economía frágil, donde miles de salteños viven al día.
El empleado público cobra igual.
El trabajador independiente no.
El comerciante pequeño abre con incertidumbre.
El emprendedor pierde ventas que no siempre se recuperan.
En una provincia con altos niveles de informalidad y con una economía que no termina de despegar, cada jornada sin movimiento se siente.
No se trata de enfrentar derechos con historia. Se trata de preguntarnos si estamos midiendo las consecuencias.
Porque mientras algunos sectores pueden sostener la pausa, otros no tienen esa espalda.
Y cuando se apagan las luces, bajan las persianas y se suspenden actividades, la pregunta queda flotando en el aire:
¿Hay margen para seguir acumulando días sin producir en el contexto actual?
La discusión está abierta. Y es necesaria.




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