



Hay algo que cambió en la relación entre los gobernadores y el Gobierno de Javier Milei: la palabra ya no alcanza.
La discusión que hoy tiene como eje la eliminación de las PASO es, en realidad, mucho más profunda. No se trata solamente de decidir si habrá o no primarias en 2027. Lo que está en juego es quién fija las condiciones del nuevo mapa político argentino y cuánto poder conservarán las provincias frente a una Casa Rosada que busca construir una mayoría propia en todo el país.
El Gobierno quiere avanzar rápido. Diego Santilli pretende llevar la reforma al Congreso en las próximas semanas. Del otro lado, los gobernadores ponen el freno y piden algo que hasta hace poco podía parecer insólito: un acuerdo firmado que garantice que lo que se negocia hoy será respetado mañana.


¿Por qué tanta desconfianza? Porque los gobernadores aprendieron.
Aprendieron que acompañar una iniciativa nacional no necesariamente significa que después lleguen las obras prometidas. Que un entendimiento político puede cambiar cuando cambian las necesidades de la Casa Rosada. Y que lo que se conversa en una reunión puede tener una interpretación diferente cuando llega la hora de votar. Por eso ahora quieren papeles.

Sáenz y la lógica de negociar sin entregar el territorio
En este escenario aparece Gustavo Sáenz. El gobernador salteño no necesita disfrazar su posición: ya dijo públicamente que está de acuerdo con eliminar las PASO. Salta fue, de hecho, una de las provincias que avanzó previamente en esa dirección.
Pero apoyar una reforma electoral no significa entregarle al Gobierno nacional un cheque en blanco. Esa diferencia es importante.
Sáenz viene sosteniendo una relación de diálogo con Milei, pero también reclama una mirada federal y respuestas concretas para las provincias. En junio, frente al propio Santilli, marcó que las urgencias del Norte no eran necesariamente las mismas que las de la Casa Rosada y cuestionó el apuro nacional por discutir las PASO mientras las provincias reclamaban obras e infraestructura.
Y en agosto volvió a plantear que la discusión política no debería reducirse a estar a favor o en contra de Milei, sino a resolver los problemas concretos de la gente.
Ahí está la verdadera posición del gobernador salteño: dialogar con Nación, acompañar cuando una medida sirve y marcar límites cuando entiende que los intereses de Salta están en juego. No es oposición. Tampoco es obediencia. Es negociación.
El Gobierno necesita a los gobernadores
La paradoja es que Milei necesita justamente a aquellos gobernadores con los que muchas veces tuvo enfrentamientos.
La Casa Rosada necesita votos en el Congreso para avanzar con su agenda y, al mismo tiempo, busca construir desde ahora una estructura política nacional que le permita llegar fortalecido a 2027. El propio Santilli reconoció esta semana que el Gobierno trabaja para sumar a "bastantes gobernadores" a ese armado. Entonces aparece la pregunta inevitable:
¿Por qué un gobernador debería votar una reforma electoral si no sabe qué recibirá a cambio y, peor todavía, si tampoco sabe si el acuerdo será respetado después?
Ese es el problema que tiene hoy la Casa Rosada. Los mandatarios provinciales pueden acompañar la eliminación de las PASO. Incluso algunos ya lo dijeron públicamente. Pero quieren saber cuál será el escenario electoral posterior y qué hará La Libertad Avanza en cada provincia.

No quieren votar hoy para descubrir mañana que el oficialismo nacional decidió condicionar políticamente a las provincias, en las próximas elecciones.
Ya no se trata de Milei sí o Milei no
Esta es quizás la parte más interesante de la discusión. Los gobernadores no están formando un bloque contra Milei. Tampoco todos piensan igual. Hay peronistas, radicales, provinciales y aliados que mantienen diferentes niveles de cercanía con el Gobierno.
Pero hay algo que empieza a unirlos: la necesidad de recuperar capacidad de negociación frente a la Nación. Y eso modifica la relación de fuerzas.
Durante buena parte de la gestión de Milei, el Gobierno intentó instalar una lógica binaria: acompañar el cambio o quedar del lado de la vieja política.
Los gobernadores están empezando a responder de otra manera. Pueden acompañar el cambio, pero quieren discutir las condiciones. Pueden votar una reforma, pero quieren garantías. Pueden dialogar con Milei, pero no quieren que ese diálogo implique resignar el poder territorial que construyeron durante años.
La firma que dice mucho más que una firma
Por eso el pedido de un "aval firmado" no es un detalle administrativo. Es una señal política. Es decirle al Gobierno: "Si vamos a hacer un acuerdo, esta vez queremos que quede escrito".
Y detrás de esa exigencia hay una enseñanza que los gobernadores parecen haber incorporado después de más de dos años de relación con la Casa Rosada: los acuerdos políticos no se sostienen solamente con fotografías, reuniones y buenas intenciones. Se sostienen cuando las dos partes cumplen.
La pelea por las PASO recién comienza. Y quizás el dato más importante no sea si finalmente se eliminan o no. El verdadero dato político es que los gobernadores ya no parecen dispuestos a acompañar a ciegas. Y en esa pulseada, Sáenz tiene algo que otros también empezaron a entender: se puede dialogar con Milei sin dejar de defender a la provincia.



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