



Hay derrotas que duelen por los votos y otras que duelen por el símbolo. Lo que pasó en Marcos Juárez pertenece a la segunda categoría. El peronismo ganó en la ciudad que Mauricio Macri bautizó como el "kilómetro cero" de Cambiemos y encendió una alarma en toda la oposición. La primera urna del calendario electoral 2026 dejó una pregunta que ya recorre la Argentina: ¿Córdoba mostró el primer anticipo de lo que puede pasar en 2027?
Durante más de una década fue presentada como el "kilómetro cero" de Cambiemos, el lugar desde donde comenzó la construcción del espacio que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia. Por eso el triunfo del peronista Germán Font no es solamente una victoria municipal: es un golpe simbólico en uno de los territorios más representativos del antiperonismo argentino.


La primera elección importante del calendario político 2026 dejó un mensaje que en Buenos Aires, Córdoba y el resto del país ya comenzaron a leer con atención.
La gente votó más gestión que identidad
Hay un dato que sobresale por encima de todos: el peronismo ganó, pero casi no se mostró como peronismo.
Font compitió con un sello local, "Generación Marcos Juárez". La campaña evitó las grandes banderas partidarias y puso el foco en la ciudad, la gestión y los problemas cotidianos. Esa estrategia fue impulsada por el gobernador Martín Llaryora, que decidió mantener la elección lejos de la polarización nacional.
Es una enseñanza interesante. Mientras la política nacional sigue discutiendo nombres, ideologías y liderazgos, en Marcos Juárez el electorado pareció premiar una propuesta municipal, amplia y transversal.
El experimento de la unidad
El otro mensaje es todavía más profundo. El triunfo llegó con un peronismo unido. Cordobesismo, kirchnerismo, massismo y distintos sectores territoriales trabajaron detrás de un mismo candidato. En tiempos donde el PJ nacional todavía busca una conducción clara, Córdoba ensayó un modelo distinto: menos protagonismo de los dirigentes y más acuerdo entre las tribus.
No significa que ese modelo pueda repetirse automáticamente en todo el país. Pero sí instala una pregunta incómoda para el resto del peronismo: ¿la unidad empieza desde abajo, en los territorios, y no desde Buenos Aires?
También habló la oposición
La derrota dejó heridas. El PRO perdió un bastión histórico. La UCR quedó dividida entre distintas estrategias. Y La Libertad Avanza decidió no competir con sello propio, una decisión que también será analizada puertas adentro porque dejó vacante un espacio electoral que terminó ocupando otro proyecto.
¿Un anticipo para 2027?
Sería un error afirmar que una elección municipal anticipa el resultado nacional. La historia argentina demuestra que muchas veces las elecciones locales responden a dinámicas propias. Sin embargo, también es cierto que suelen marcar tendencias, probar estrategias y medir climas sociales.
Marcos Juárez deja, al menos, cuatro señales:
La marca partidaria pesa menos cuando la gestión logra ocupar el centro de la campaña.
La unidad amplía más que la fragmentación.
Los bastiones políticos ya no parecen inexpugnables.
El votante muestra disposición a cambiar incluso en lugares con identidades electorales muy consolidadas.
Desde el norte argentino vale la pena mirar Córdoba porque muchas veces funciona como un laboratorio político del país.
Lo que ocurrió en Marcos Juárez no define el futuro de la Argentina, pero sí inaugura una discusión sobre cómo se construirán las alianzas de 2027. La primera urna del año habló, y su mensaje parece ser menos ideológico y más pragmático: la política que logra unir, territorializar la campaña y ofrecer una propuesta de gestión puede encontrar votos incluso donde antes parecía imposible


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