Primer caso de chikungunya confirmado: activan alerta sanitaria en Metán

Salud15/04/2026Xiomara DíazXiomara Díaz

Chikungunya

La confirmación del primer caso positivo de chikungunya en San José de Metán encendió la vigilancia epidemiológica local y volvió a poner en primer plano una preocupación que el sistema sanitario sigue desde hace meses: la convergencia entre circulación regional del virus, alto índice larvario y condiciones climáticas favorables para la proliferación del mosquito Aedes aegypti.

La información fue confirmada por el gerente sanitario del Hospital del Carmen, Dr. José “Coty” Leavy, quien precisó que el paciente consultó en la guardia el 11 de abril con un cuadro compatible con enfermedades transmitidas por mosquitos. A partir de esa atención se activó el circuito previsto para casos sospechosos, se confeccionó la ficha epidemiológica y se envió la muestra al laboratorio. El resultado llegó durante la noche del martes, alrededor de las 21, y confirmó que se trataba de un caso positivo de chikungunya.

Según detalló el profesional, la persona presentaba antecedente de viaje a la ciudad de San Pedro de Jujuy y ya había regresado con fiebre desde esa provincia. Por ese motivo, la primera interpretación epidemiológica indica que se trata de un caso importado. No obstante, remarcó que la confirmación obligó a desplegar de inmediato todas las medidas de contención previstas para impedir una eventual transmisión local.

Apenas se notificó el resultado, se realizó el bloqueo del domicilio del paciente y de las manzanas comprendidas dentro del perímetro sanitario. Al mismo tiempo, agentes sanitarios iniciaron visitas domiciliarias en la zona orientadas a la búsqueda activa de febriles y al relevamiento de personas con síntomas compatibles. Esa tarea, explicó Leavy, se articula entre la oficina de Epidemiología del hospital, el laboratorio, el municipio, los agentes sanitarios y el personal afectado al control vectorial, conocido localmente como los “dengueros”.

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Leavy sostuvo que el procedimiento no es nuevo para Metán. Señaló que el hospital trabaja desde hace años con un protocolo consolidado a partir de la experiencia acumulada con dengue. Cuando un médico detecta un caso sospechoso, completa la ficha epidemiológica correspondiente. Esa información pasa al laboratorio, donde se realiza la toma de muestra cuando la situación sanitaria así lo requiere. Una vez obtenido el resultado, Epidemiología informa a las áreas intervinientes para actuar de inmediato sobre el domicilio y el entorno cercano del paciente.

Ese esquema incluye además una indicación precisa al enfermo: el autoaislamiento vectorial. En términos prácticos, significa extremar el uso de repelente, utilizar barreras físicas y evitar, en la medida de lo posible, ser picado por mosquitos. “Si un mosquito pica a una persona infectada y luego a otra, puede convertirse en transmisor”, explicó. Por eso, una parte central del protocolo apunta a cortar la cadena epidemiológica desde el primer momento.

El gerente sanitario aclaró que, si bien este es el primer positivo confirmado, el sistema de salud de Metán viene investigando desde enero una serie de cuadros sospechosos. Hasta el momento se habían registrado más de 20 casos bajo estudio, todos trabajados con bloqueo preventivo y seguimiento territorial, pero recién ahora apareció el primer resultado positivo. En ese punto, planteó que la confirmación actual no debe leerse como un hecho aislado, sino como la evidencia de un riesgo monitoreado desde principios de año.

En su explicación, Leavy insistió en que el chikungunya comparte varios síntomas con otras enfermedades transmitidas por el Aedes aegypti. Mencionó fiebre, diarrea, dolor retroocular, dolor corporal y malestar general, entre otras manifestaciones que también pueden hacer sospechar dengue. Pero advirtió que el rasgo que vuelve especialmente preocupante al chikungunya es el fuerte compromiso articular que produce. Incluso recordó que es conocido como “quebrantahuesos”, una denominación asociada a los intensos dolores articulares y musculares que puede provocar en muchos pacientes.

Esa descripción no fue menor. El médico remarcó que el virus tiene afinidad por las articulaciones y que, en muchos casos, el dolor puede persistir durante meses. Señaló que algunos pacientes quedan disminuidos para realizar actividades físicas durante seis meses o un año, e incluso pueden presentar secuelas articulares prolongadas. En ese contexto, advirtió que se trata de una enfermedad que no debe ser minimizada y que, en cuadros complicados, puede llegar a poner en riesgo la vida.

Leavy también ubicó el caso dentro de un contexto regional más amplio. Indicó que ya hay casos en El Galpón, un brote en Anta y circulación sostenida en distintos puntos de la provincia, especialmente en el norte salteño. A eso sumó la situación de Jujuy, donde también se venían registrando contagios. En ese marco, consideró que Metán no está aislada del escenario epidemiológico provincial y regional, y que la movilidad entre ciudades obliga a mantener un seguimiento permanente.

Según explicó, la provincia de Salta dispone de un sistema de vigilancia que, a su entender, permite conocer con mayor precisión el comportamiento epidemiológico de estas enfermedades. Valoró que la información se recopila con eficiencia y que eso permite saber con claridad dónde está parada cada localidad frente al riesgo sanitario. Ese punto, dijo, es fundamental para tomar decisiones rápidas, sobre todo cuando se trata de enfermedades que pueden expandirse con facilidad si encuentran condiciones ambientales favorables.

En ese aspecto, Leavy hizo hincapié en un dato que consideró preocupante: el índice larvario detectado en el último LIRAa había dado alto. Traducido al terreno práctico, eso significa una importante presencia de larvas y, por lo tanto, una alta probabilidad de circulación de mosquitos adultos en la ciudad. “Cuando ese indicador supera determinados valores, el ingreso de un caso positivo aumenta la posibilidad de que se produzca un brote”, advirtió.

A esa situación se suma el clima. El gerente sanitario observó que las lluvias continúan y que la temperatura todavía no descendió lo suficiente como para frenar la reproducción del mosquito. En ese punto buscó desmontar una idea bastante extendida: la creencia de que con una baja de temperatura el mosquito desaparece automáticamente. “El Aedes aegypti disminuye realmente cuando llega la estación seca, es decir, cuando deja de haber recipientes con agua donde pueda depositar huevos y desarrollarse”, explicó.

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También fue enfático al aclarar que el Aedes aegypti no es un mosquito de río ni de monte. Es un mosquito domiciliario, urbano, que crece en los hogares porque encuentra allí los recipientes y reservorios adecuados. Baldes, botellas, cubiertas, latas, bebederos y recipientes abandonados en patios o fondos de vivienda: ése es el ambiente donde prolifera. Por eso sostuvo que los mosquitos que vienen del río o de otros sectores no tienen relación con esta enfermedad. La transmisión de chikungunya, igual que la de dengue, depende del mosquito que se cría en el propio entorno doméstico.

Leavy remarcó que la clave sigue siendo la misma que desde hace años se repite frente al dengue: descacharrado, limpieza de patios, eliminación de reservorios, ordenamiento domiciliario y uso de repelente. Subrayó que, si en la vivienda de un caso positivo y en los domicilios linderos no hay larvas ni mosquitos, no habrá posibilidad de que el virus se propague. Dicho de otro modo, la existencia del enfermo no alcanza por sí sola para desencadenar contagios; hace falta que el vector esté presente y activo.

En ese marco, reconoció que la Municipalidad viene realizando tareas de descacharrado de manera constante, pero advirtió que el problema persiste porque todavía se observan patios con acumulación de objetos, agua estancada y falta de limpieza. “Con un índice larvario alto, no hay margen para relajarse”, sostuvo.

Sobre este punto introdujo otra diferencia importante con respecto al dengue. Señaló que en los últimos años la provincia atravesó brotes de dengue y que una parte de la población incluso recibió vacunación o estuvo previamente expuesta al virus, lo que puede otorgar cierto nivel de defensa o inmunidad parcial. En cambio, con chikungunya el escenario es diferente. Para gran parte de la población se trata de un virus nuevo, sin inmunidad previa. Eso significa, en términos epidemiológicos, que existe una gran cantidad de personas susceptibles de contagio.

Por eso insistió en que no hay que bajar los brazos. Reclamó que cada familia trabaje en su propia casa y en su patio, porque la prevención no depende únicamente de operativos estatales ni de intervenciones puntuales cuando aparece un caso positivo. Requiere una conducta cotidiana y sostenida.

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Entre las recomendaciones, pidió usar repelente durante todo el día o, al menos, en los horarios de mayor actividad del mosquito. Identificó esas franjas como las horas frescas: desde las 10 de la mañana hasta el mediodía y desde las 17 o 18 hasta las 20 o 21. Explicó además que el mosquito pica mientras haya luz. Por eso, aunque durante la noche al aire libre su actividad disminuye, dentro de una vivienda iluminada puede seguir picando. A eso sumó el consejo de usar prendas largas, medias y evitar, en lo posible, colores oscuros que suelen atraer más al insecto.

Recordó que quienes pasaron por dengue suelen describirlo como una experiencia muy dura, pero remarcó que el chikungunya puede ser incluso más agresivo en términos de dolor y secuelas articulares. “La preocupación del sistema sanitario pasa justamente por esa capacidad del virus de dejar afectación prolongada y por el riesgo de encontrar una población completamente expuesta”, concluyó.

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