



Lo que para muchos puede sonar como la suspensión de un programa más, dentro del sistema público de salud tiene otro peso. En Metán, la salida del Plan Remediar encendió preocupación entre quienes administran y sostienen la atención diaria. El gerente general del Hospital del Carmen, Dr. Pedro Samsón, trazó un panorama amplio y sin eufemismos: faltan medicamentos esenciales, aumentó la demanda hospitalaria, crecen los costos y el sistema absorbe cada vez más pacientes que antes se atendían en otros sectores.
Samsón recordó que Remediar fue creado en 2002, en plena salida de la crisis de 2001, durante la presidencia de Eduardo Duhalde. Su función era abastecer con medicamentos básicos a los centros de salud y puestos sanitarios, no a hospitales de referencia. Allí radicaba parte de su eficacia; resolver problemas frecuentes cerca de la casa del paciente, sin trasladarlo y sin recargar guardias.


En sus mejores años, explicó en medios locales, el programa distribuía cerca de 80 medicamentos y cubría entre el 80 y el 90 % de la demanda habitual de atención primaria. Hipertensión, diabetes, asma, infecciones comunes, fiebre infantil, parasitosis, enfermedades dermatológicas y otros cuadros de consulta cotidiana. Enalapril, losartán, paracetamol y fármacos de uso permanente estaban dentro de esa cobertura.
El esquema era simple. La persona se atendía en su centro de salud, el profesional emitía la receta y la medicación se retiraba en el mismo lugar. En Metán, ese circuito abastecía a los centros sanitarios 12 de Octubre, Juan Domingo Perón, San Cayetano, El Crestón, además de puestos en Metán Viejo, Lumbreras y dispositivos del área operativa vinculados también a Río Piedras.
Según relató el médico, la caída del programa no comenzó ahora. La provisión empezó a reducirse años atrás y se profundizó en el último tiempo hasta volverse prácticamente nula. El 1 de abril, señaló, la suspensión quedó consolidada.
“Ya veníamos con un corte progresivo. Últimamente no llegaban medicamentos y lo que antes resolvían los centros de salud terminó cubriéndolo la farmacia del hospital”, explicó.
Ese desplazamiento tuvo una consecuencia; más pacientes en el hospital. Samsón dio un dato que resume la magnitud del problema. Las consultas en guardia pasaron de nueve mil anuales a dieciséis mil. El incremento no responde sólo a una mayor demanda espontánea. También refleja que muchas personas con obra social o cobertura privada ya no pueden pagar plus, coseguros, estudios o medicamentos y terminan recurriendo al sistema público.
“Hoy llega mucha gente mutualizada que antes se resolvía afuera. Eso impacta en todo: guardia, laboratorio, radiografías, farmacia, internación”, sostuvo.
El gerente insistió en que el problema sanitario más grave aparece cuando se interrumpen tratamientos crónicos. Un paciente hipertenso que deja la medicación puede terminar con un accidente cerebrovascular. Un diabético sin controles puede ingresar descompensado. Una enfermedad respiratoria mal manejada deriva en urgencia. Lo que antes se resolvía con una caja de comprimidos luego exige internación, estudios, ambulancia y mayor gasto público.
“No es lo mismo tratar una patología a tiempo que atender después las consecuencias del abandono del tratamiento”, remarcó.
También advirtió que Remediar no se limitaba a medicamentos clínicos. Incluía anticonceptivos, preservativos e insumos preventivos. En ese punto expresó preocupación por el crecimiento de enfermedades de transmisión sexual y por las dificultades para sostener políticas sanitarias continuas.
“Tenemos sífilis, HIV y otros cuadros que siguen aumentando. Cuando se afloja la prevención, después aparecen los problemas más graves”, señaló.
En paralelo, describió la situación económica del Hospital del Carmen. Indicó que el fondo operativo mensual ronda los dos millones de pesos y que gran parte del funcionamiento depende del recupero de costos mediante obras sociales y programas nacionales. A eso se suma una deuda superior a los 300 millones de pesos por prestaciones no abonadas, lo que condiciona mantenimiento, compras e inversiones.
Pese a ese escenario, el hospital mantiene un nivel alto de actividad. Según detalló, atiende unas 300 personas por día entre guardia, consultorios y cirugía. Además, realiza entre 108 y 110 intervenciones mensuales, una cifra que marca crecimiento respecto de años anteriores. También mencionó obras recientes y mejoras en sectores sensibles como terapia, cocina y servicios internos.
Pero los límites existen. Hay ambulancias fuera de servicio por falta de recursos para repararlas. El mantenimiento de respiradores y aparatología crítica cuesta millones de pesos. Los insumos médicos suben de precio de manera constante.
“La salud es cara. Un service de algunos equipos vale entre tres y diez millones de pesos. Y aun así seguimos funcionando”, dijo.
Samsón destacó que el gobierno provincial, encabezado por Gustavo Sáenz, habría asumido el compromiso de reemplazar la provisión de medicamentos que dejó de enviar el gobierno nacional de Javier Milei. Consideró que esa decisión puede amortiguar el impacto inmediato sobre la población más vulnerable.
Sin embargo, el cuadro general sigue siendo delicado. Menos programas nacionales, más demanda local, pacientes que abandonan el sector privado, costos crecientes y hospitales que deben responder con estructuras ajustadas.
Lo que describió el gerente del hospital no fue una discusión partidaria. Fue una radiografía de época. Cuando la economía se deteriora, la primera ventanilla que recibe el golpe suele ser la salud pública. Y cuando además se debilita la atención primaria, todo termina llegando al hospital. En Metán, esa realidad ya dejó de ser una advertencia para convertirse en rutina.



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