Salud mental comunitaria: qué dejó el taller de emociones realizado en Metán

Salud28/07/2026Xiomara DíazXiomara Díaz

Salud Emocional

Reconocer una emoción, comprender qué la provoca y decidir cómo responder ante ella son procesos que no siempre se adquieren de manera espontánea. Sobre esos aspectos trabajó el taller de emociones que finalizó en el Centro Integrador Comunitario de San José de Metán, bajo la coordinación del psicólogo Fernando Serrano Urdanibia (MP 1894).

El ciclo tuvo una duración de cuatro encuentros y fue planteado como una intervención psicoeducativa de carácter práctico. Además de ofrecer un ámbito de escucha, la propuesta permitió ensayar habilidades de regulación emocional y analizar situaciones que forman parte de la vida diaria.

Serrano Urdanibia explicó que la intención no fue decirles a las asistentes qué debían hacer, sino ayudarlas a reconocer recursos personales que posiblemente ya habían utilizado, aunque sin identificarlos como tales.

“Muchas veces las personas ya pusieron en práctica estas habilidades en algún momento de su vida, pero nunca les dieron un nombre. Poder reconocerlas permite utilizarlas de manera más consciente”, señaló.

Identificar antes de reaccionar

Uno de los ejes fue la alfabetización emocional, es decir, la capacidad de distinguir y nombrar lo que una persona siente. Ese proceso permite advertir qué pensamientos acompañan a una emoción, qué situaciones suelen activarla y de qué manera influye sobre la conducta.

También se trabajó sobre validación emocional. En términos técnicos, validar no significa justificar cualquier reacción, sino reconocer que una emoción existe y que responde a una experiencia determinada. A partir de allí se puede evaluar cómo actuar sin quedar sujeto únicamente al impulso del momento.

“Validar lo que sentimos y reconocer lo que pensamos ayuda a saber cómo comportarnos y cómo responder ante diferentes situaciones”, explicó el profesional.

El taller incluyó ejercicios para trasladar esos conocimientos a la vida cotidiana, también se abordó la manera de escuchar, interpretar y recibir aquello que sienten otras personas.

Durante el último encuentro apareció el concepto de “mente sabia”, utilizado para describir una forma de respuesta que procura integrar la información emocional con el razonamiento. El objetivo es evitar tanto la reacción impulsiva como el análisis desconectado de lo que la persona está sintiendo.

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Una experiencia que modificó la mirada de las participantes

Las asistentes contaron que los primeros encuentros estuvieron marcados por cierta incertidumbre. No sabían qué temas se abordarían ni cuánto podrían compartir frente al grupo. Con el transcurso de las jornadas, esa resistencia inicial fue disminuyendo.

Una de las participantes sostuvo que la propuesta le permitió descubrir otras maneras de afrontar los problemas y reconocer capacidades que ya poseía. “Nos brindó herramientas que fuimos poniendo en práctica. Hay cosas que una puede resolver de otra manera y habilidades que estaban, pero que no sabíamos identificar”, relató.

Otra asistente destacó que ahora puede ponerles nombre a distintas emociones y comprender mejor cómo aparecen en su entorno familiar y social. Esa identificación, aseguró, le permite detenerse antes de reaccionar y elegir una respuesta diferente.

“Me llevo herramientas para ayudarme a mí misma y también para acompañar a otras personas. Eso es lo que más rescato del taller”, expresó.

Los encuentros también fueron valorados como una instancia de escucha. Según indicaron las participantes, el grupo esperaba cada jornada para compartir experiencias y continuar trabajando sobre situaciones surgidas durante la semana.

Las dificultades para acceder a atención psicológica

Serrano Urdanibia, oriundo de Río Piedras y con años de formación en Tucumán, se refirió además a las barreras que todavía condicionan el acceso a la atención psicológica. Entre ellas mencionó el costo económico de los tratamientos y la persistencia de prejuicios relacionados con la consulta profesional.

Para el psicólogo, acercar conocimientos y habilidades a la comunidad constituye una forma de ampliar el acceso a recursos de salud mental, especialmente entre quienes no cuentan con posibilidades económicas para iniciar una terapia o todavía encuentran dificultades para solicitar ayuda.

“Formarse es costoso y muchas veces requiere estudiar afuera. Si uno adquiere herramientas que pueden ser útiles, también tiene la responsabilidad de compartirlas con la comunidad”, manifestó.

El profesional aclaró que la realidad emocional rara vez puede analizarse mediante posiciones absolutas. Entre las respuestas extremas existen alternativas que pueden ser evaluadas antes de actuar. Allí radicó buena parte del trabajo realizado durante las cuatro jornadas.

El pedido de una segunda etapa

La duración del ciclo resultó breve para las participantes, que durante el cierre solicitaron expresamente que se organice una segunda instancia. Algunas anticiparon que volverían a inscribirse y remarcaron la necesidad de sostener este tipo de propuestas.

La continuidad todavía deberá ser organizada, aunque el pedido ya fue planteado tanto al profesional como a los responsables municipales. Serrano Urdanibia también manifestó su disposición a avanzar con una nueva etapa.

La actividad contó con el acompañamiento de la Municipalidad de San José de Metán, encabezada por el intendente José María Issa, y con el trabajo de la coordinadora del CIC, Antonia Amengual.

El cierre dejó un resultado que excedió el cumplimiento de los cuatro encuentros: las asistentes incorporaron recursos para observar sus propias respuestas, escuchar a otras personas y afrontar situaciones cotidianas con mayor conciencia. 

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