

Carencias, silencio y entrega: la dura lucha que afrontó el padre Ariel Fessia
El sacerdote atravesó un proceso de salud crítico sin cobertura médica y sin los medicamentos esenciales, que una farmacéutica local le entregaba cada mes para que pudiera seguir adelante.
Sociedad09/12/2025
José Alberto Coria
El fallecimiento del padre Ariel Fessia dejó al descubierto una realidad dura y poco conocida: el párroco de San Francisco Solano atravesó su enfermedad sin obra social, sin acceso garantizado a los medicamentos esenciales y sin pedir ayuda, incluso cuando su salud ya estaba comprometida. Fue una decisión propia, pero que indaga y fuerte.


Según relató su hermana, Raquel Fessia, el sacerdote descubrió que no tenía cobertura médica cuando se enfermó. Había perdido la mutual que le correspondía cuando formaba parte de la Orden de San Agustín tras pasarse a la Arquidiosesis de Salta y, debido a su diagnóstico, ninguna obra social quiso incorporarlo. Esa situación lo dejó en una posición extremadamente vulnerable. Ya la intervención quirúrgica que se le practicó en el año 2023 fue afrontada por la familia.
A esto se sumó un problema aún más grave: en septiembre de este año dejó de recibir una inyección mensual de altísimo costo que era suministrada a través de un Programa del Gobierno nacional y que era fundamental para frenar el avance de la enfermedad. Desde octubre ya no pudo volver a acceder al medicamento y su deterioro físico fue evidente.
Pero recién ahora también se conoce otro detalle que marcó sus días: los medicamentos que debía tomar a diario -a un costo de más de dos millones de pesos-, los obtenía gracias a una farmacéutica de El Galpón, quien se los entregaba cada mes con lo que el padre Ariel lograba reunir.
A pesar de estas carencias, el sacerdote eligió el silencio. No quiso pedir ayuda a la comunidad, ni a otros sacerdotes, ni a su propia familia. “No quería ser una carga para nadie. Se la cargó consigo y se inmoló”, expresó Raquel, al describir la decisión que marcó sus últimos meses.
Durante ese período, continuó celebrando misas, recorriendo parajes rurales y cumpliendo promesas pastorales incluso cuando le habían indicado reposo. “Para todos estaba, pero para él… no”, resumió su hermana.
El impacto de esta revelación conmociona aún más, especialmente después del masivo acompañamiento que recibió durante su velorio. La comunidad descubrió, recién ahora, que detrás de su entrega diaria había una lucha silenciosa marcada por la falta de recursos, la ausencia de cobertura y la decisión personal de no trasladar sus problemas a nadie.
Su muerte no solo dejó un vacío pastoral. Abrió un debate profundo sobre las condiciones en las que muchos servidores públicos -religiosos, voluntarios, referentes comunitarios- atraviesan situaciones críticas sin apoyo estructural y sin protección social.
El padre Ariel Fessia eligió quedarse en El Galpón porque allí fue feliz. Y aún en medio de la enfermedad, eligió seguir siendo pastor antes que paciente. Su despedida multitudinaria confirmó lo que su hermana expresó con claridad: “Ariel fue un incansable trabajador por la unidad. Que tomen su legado”.


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