El agua no reconoce límites

Opinión23/02/2026José Alberto CoriaJosé Alberto Coria

ruta 16

El Galpón volvió a inundarse. Y cuando el agua entra en una casa, no hay discurso que alivie la angustia. Hay muebles que se arruinan, recuerdos que se pierden, paredes que se humedecen y familias que sienten que otra vez están solas frente a lo mismo. Ese es el punto de partida. El dolor es real y el cansancio también.

Más de 100 milímetros en pocas horas -madrugada del domingo- no es un dato menor. La intensidad de la lluvia explica parte del escenario. Pero no todo. Porque el problema no terminó cuando dejó de llover. El agua siguió llegando.

Temporal El GalpónEl Galpón volvió a quedar bajo el agua tras otro temporal que golpeó sin tregua

El volumen que descendió desde campos y zonas altas superó la capacidad de banquinas y drenajes naturales. El pueblo, que está en la parte baja del sistema, volvió a convertirse en receptor final de un caudal que no se genera solamente dentro del ejido urbano. Esa presión sostenida fue la que volvió a poner en jaque a barrio Acceso, Congreso, sectores de la Villa María, San Roque, calle Güemes Sud, pasaje Monseñor Pérez, Rudecindo Alvarado, entre otras arterias.

Temporal El Galpón
Inundaciones en El Galpón

En el centro de la escena, el intendente Federico José Sacca eligió un tono inusual. Su mensaje fue directo: hubo épocas de rentabilidad y ahora es tiempo de invertir en obras de adecuación hídrica. Señaló a sectores productivos por la falta de canalizaciones internas y obras de contención. Y pidió que Nación, a través de la Dirección Nacional de Vialidad, transforme banquinas en verdaderos canales de descarga, a Recursos Hídricos de la provincia y a los Consorcios de Riego, que asuman el control y eficaz manejo del sistema hídrico y, por último, a la empresa encargada de operar la red ferroviaria que atraviesa al pueblo.

Fede (1)“Hubo ganancias; ahora es momento de invertir”, el duro reclamo de Sacca

Reducir todo a una pelea política sería simplificar demasiado. Tampoco alcanza con decir que “la naturaleza es así”. El cambio en los patrones de lluvia, los desmontes históricos, la modificación de escurrimientos y la falta de infraestructura integral conforman un escenario complejo donde las responsabilidades son compartidas y acumulativas.

El Galpón no es una isla. Está rodeado de producción. Conviven la actividad agrícola, los consorcios de riego, la infraestructura ferroviaria, las rutas nacionales y el crecimiento urbano. Cuando uno de esos engranajes falla o se adapta sin planificación conjunta, el sistema entero se desbalancea.

Lo que muestran los comentarios de vecinos en las redes sociales es una comunidad partida entre el enojo y la necesidad de soluciones. Hay quienes exigen obras estructurales que no llegan desde hace años. Otros respaldan la intervención urgente del municipio para frenar el avance del agua, tal como lo hizo este domingo. Muchos reclaman controles más firmes sobre canales y desagües rurales. Todos coinciden en algo: esto no puede repetirse.

Fede Sacca“El Galpón es víctima de un sistema hídrico que nos supera”, aseguró el intendente Sacca

Ni el municipio, por sí solo, puede absorber el impacto de caudales extraordinarios que bajan desde kilómetros a la redonda. Ni los productores pueden desentenderse del efecto que generan sus sistemas de drenaje. Ni la Provincia puede permanecer ajena al control técnico. Ni la Nación puede ignorar el rol que cumplen rutas y alcantarillas en el esquema general.

El agua no reconoce alambrados ni jurisdicciones. Tampoco distingue entre pueblo y finca.

Tal vez esta segunda inundación en menos de un mes marque un límite. No para buscar culpables inmediatos, sino para sentar en una misma mesa a todos los actores: municipio, productores, consorcios, Provincia y Nación. Con estudios técnicos claros, responsabilidades definidas y un plan integral que no dependa de la próxima tormenta.

Porque el verdadero debate no es quién habla más fuerte en medio del agua, sino quién invierte antes de que vuelva. Aunque algo si debe quedar claro, las obras no pueden ser financiadas con el patrimonio de los galponenses.

Finalmente entender que El Galpón necesita menos acusaciones y más obras. Menos reacción y más prevención. Y, sobre todo, una decisión colectiva de entender que el problema no es de un sector contra otro: es de un sistema que dejó de funcionar como debería.

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