



Cada vez que se habla del estado de las rutas nacionales en Salta, la discusión suele centrarse en los riesgos para quienes transitan a diario: transportistas, trabajadores, ambulancias o familias que viajan por necesidad. Sin embargo, hay otro impacto menos visible, pero igual de grave: el daño que provoca al turismo.
La advertencia realizada por la presidenta de la Asociación de Agencias de Turismo de Salta, Lía Rivella, debería encender todas las alarmas. Según explicó, ya hubo grupos que decidieron cancelar viajes debido al estado de las rutas. No se trata de una hipótesis ni de una preocupación futura. Está ocurriendo ahora.


La pregunta es simple. ¿Qué imagen se lleva un turista que ingresa a Salta por la Ruta Nacional 9/34, ingresa por La Candelaria y ahí nomás llega al tramo de Rosario de la Frontera y debe esquivar baches, circular con extrema precaución y exponerse a daños en su vehículo? ¿Volverá a elegir Salta para sus próximas vacaciones? ¿La recomendará a familiares y amigos?
Salta invierte millones en promoción turística. Participa en ferias nacionales e internacionales, desarrolla nuevas experiencias, fortalece destinos y busca atraer visitantes durante todo el año. Sin embargo, de poco sirve una excelente campaña de promoción si la puerta de entrada a la provincia ofrece una imagen de abandono.
El turista no distingue si la ruta es nacional, provincial o municipal. Tampoco le interesa quién tiene la competencia administrativa. Lo único que percibe es que el camino está roto. Y esa primera impresión muchas veces define toda la experiencia de viaje.
La situación es todavía más preocupante porque el turismo genera empleo genuino. Detrás de cada visitante hay hoteles, restaurantes, estaciones de servicio, guías turísticos, artesanos, comercios y emprendedores que dependen de la llegada de personas para sostener sus ingresos.
Cuando un grupo cancela un viaje por el estado de las rutas, no pierde solamente una agencia de turismo. Pierde toda una cadena económica que se mueve alrededor de esa actividad.
Por eso, la recuperación de las rutas nacionales no debe ser vista únicamente como una obra de infraestructura. Es una inversión en seguridad, en desarrollo y en competitividad turística.
Salta posee algunos de los paisajes más extraordinarios del país. Tiene cultura, gastronomía, historia y hospitalidad. Lo que no puede permitirse es que el deterioro de sus accesos termine convirtiéndose en la primera postal que reciben quienes deciden visitarla.
Porque una provincia turística no comienza en una oficina de informes ni en un hotel. Comienza en la ruta.



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