Cuando el problema ya no es la ruta

Opinión03/06/2026José Alberto CoriaJosé Alberto Coria

ruta 34

Durante años, la Ruta Nacional 9/34 fue motivo de reclamos, quejas y pedidos de intervención. Con razón. Miles de vecinos, transportistas y trabajadores denunciaron el deterioro de una vía estratégica para el sur salteño y exigieron soluciones urgentes.

La ruta es nacional. La responsabilidad también. Sin embargo, ante la falta de respuestas y la paralización de obras, el Gobierno de Salta decidió destinar recursos provinciales para financiar trabajos en el tramo entre Metán y Rosario de la Frontera. Una decisión excepcional para atender una situación que afecta a miles de personas.

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Y fue entonces que en medio de aprobaciones y opiniones de satisfacción, apareció una paradoja conocida. Los que reclamaban porque la ruta no se arreglaba, ahora cuestionan que se la arregle. Algunos sostienen que es campaña. Otros afirman que es una puesta en escena. Otros directamente niegan que los trabajos hayan comenzado, aun cuando las máquinas ya están en el lugar.

Por supuesto que nadie está obligado a confiar ciegamente en ningún gobierno. La desconfianza es legítima. La exigencia también. Lo que no parece razonable es convertir la crítica en una posición permanente, independientemente de los hechos. Porque ahora que los trabajos comenzaron, algunos parecen más preocupados por sostener el enojo que por evaluar los resultados.

Ruta 9 34 SáenzSalta paga lo que Nación cobra

Porque si una ruta está destruida, se reclama. Si nadie interviene, se reclama. Pero si una provincia decide poner fondos propios para resolver un problema que le corresponde a la Nación, al menos merece que el debate se concentre en la calidad y el alcance de la obra, no en negar que existe.

La democracia necesita ciudadanos críticos. Pero también necesita honestidad intelectual para reconocer cuándo una demanda histórica comienza a encontrar una respuesta.  Después habrá tiempo para controlar, exigir y evaluar resultados.

Lo que no ayuda es instalar la idea de que nada sirve, nada vale y nada alcanza. Porque cuando toda acción recibe exactamente la misma crítica que la inacción, el problema deja de ser la obra y pasa a ser la mirada con la que se observa la realidad, y esa inquebrantable tentación de sostener el enojo, que tanto daño le hizo y le hace a nuestro país.

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