



Cada vez que aparece la posibilidad de que Juan Domingo "Juanilo" Aguirre busque un nuevo mandato como intendente de Joaquín V. González, el debate parece desviarse del verdadero eje. En lugar de analizar su gestión, confrontar ideas o discutir qué proyecto necesita la ciudad para los próximos años, algunos prefieren instalar otra discusión: que no debería volver a competir.
Y ahí surge una pregunta inevitable: ¿por qué preocupa tanto que Juanilo sea candidato?
Aclaremos algo desde el principio. No se trata de sostener que Aguirre deba continuar al frente del municipio. Tampoco de desconocer las críticas que recibe su gestión, muchas de ellas legítimas. Después de cuatro mandatos consecutivos es lógico que existan cuestionamientos, desgaste y vecinos que consideren que su ciclo está cumplido.


Pero una cosa es pensar que un dirigente debe ser reemplazado y otra muy distinta es pretender que no pueda presentarse a una elección cuando la ley se lo permite.
Mientras el marco legal lo habilite, Juanilo Aguirre tiene exactamente el mismo derecho que cualquier otro ciudadano a someterse nuevamente al voto popular. Ni más, ni menos. Por eso sorprende que algunos parezcan más preocupados por evitar su candidatura que por construir una propuesta capaz de derrotarlo.
Si quienes cuestionan su continuidad están convencidos de que la mayoría de los vecinos ya no lo acompaña, entonces el camino debería ser claro: presentar un proyecto mejor, un candidato más sólido y convencer a la sociedad. Esa es la esencia de la democracia.
Sin embargo, el debate vuelve una y otra vez sobre la misma idea: que Juanilo no debería competir. Y quizás allí aparezca el verdadero problema.
Después de tantos años, la oposición todavía no ha logrado consolidar un liderazgo que unifique, ni construir una alternativa que despierte un consenso mayoritario. Existen dirigentes con capacidad, sin dudas, pero las diferencias internas, los personalismos y la falta de un proyecto común terminaron debilitando la posibilidad de ofrecer una opción realmente competitiva. En ese contexto, resulta más fácil discutir al rival que construir una propuesta superadora.
La democracia no garantiza alternancia. Lo que garantiza es que todos los ciudadanos que cumplen con la ley puedan competir en igualdad de condiciones y que sea la gente la que decida.
Si Juanilo Aguirre considera que todavía tiene algo para ofrecer, tiene derecho a presentarse. Y si los vecinos entienden que su tiempo terminó, serán ellos quienes lo expresen en las urnas. Así de simple.
Porque los liderazgos no deberían terminar por presión de los adversarios ni por campañas en las redes sociales. Deberían terminar cuando la ciudadanía así lo disponga con su voto.
Las elecciones no se ganan dejando al rival fuera de la cancha. Las elecciones se ganan construyendo una alternativa mejor.
Columna de opinión | José Alberto Coria


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