

Provincia y Nación, dos modelos salariales frente a la crisis
José Alberto Coria
La discusión salarial volvió a poner sobre la mesa una diferencia que ya no admite matices: cómo responde el Estado cuando el ingreso de los trabajadores se deteriora. El reciente ofrecimiento del Gobierno nacional -un 2% de aumento para diciembre y un bono por única vez de 50.000 pesos- fue rechazado por ATE y dejó al descubierto una política salarial que corre sistemáticamente detrás de la inflación.
Desde la Casa Rosada, la señal es clara: ajuste del gasto, paritarias mínimas y bonos que funcionan más como paliativos que como recomposición real. No se incorporan al salario, no generan impacto a futuro y pierden rápidamente efecto en un contexto inflacionario que sigue presionando sobre los ingresos.
En contraste, el Gobierno de Salta avanzó en un acuerdo salarial que muestra otro enfoque. La gestión de Gustavo Sáenz firmó con los gremios estatales un acta que contempla el pago de una asignación extraordinaria de 200.000 pesos, no remunerativa y no bonificable, que se abonará el 16 de enero, duplicando el monto pagado en enero de 2025.


Pero el dato político va más allá del bono. El acuerdo incluye la apertura de la paritaria 2026 en la primera quincena de febrero, con la posibilidad de analizar un aumento porcentual retroactivo a enero, algo que otorga previsibilidad y mantiene abierta la discusión salarial.
A esto se suma una decisión que no es menor en el contexto actual: garantizar un pago cada 15 días entre diciembre y enero, asegurando ingresos constantes para los trabajadores estatales y sosteniendo el movimiento económico en la provincia. Sueldos, aguinaldo, adelantos y bono conforman un esquema que busca amortiguar el impacto de la crisis sin trasladar todo el peso al bolsillo de los empleados públicos.
Desde el Ejecutivo provincial destacaron que en cada instancia paritaria hubo mejoras adicionales producto del diálogo, y remarcaron que la política salarial apunta a cuidar el empleo, garantizar los servicios esenciales, sostener la actividad económica y brindar previsibilidad a las familias salteñas.
El contraste con Nación es evidente. Mientras ATE denuncia que los estatales nacionales perdieron el equivalente a cuatro salarios desde la asunción de Milei y cerrarán el año varios puntos por debajo de la inflación, en Salta se sostiene una lógica distinta: administrar la escasez sin resignar la negociación ni congelar los ingresos.
No se trata de negar la crisis ni de prometer soluciones mágicas. Se trata de una definición política. Un Estado que considera al trabajador como una variable de ajuste frente a otro que lo entiende como parte central del entramado social y económico.
La política salarial, una vez más, funciona como termómetro del modelo de gestión. Y hoy, la comparación entre Nación y Salta deja una conclusión clara: frente al ajuste nacional, la provincia eligió recomponer, dialogar y sostener.


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