


Milei en Davos: defensa del capitalismo y elogios a su gestión
José Alberto Coria
En su paso por el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente Javier Milei volvió a pararse en un escenario global para reafirmar su identidad política e ideológica. Frente a líderes mundiales, empresarios y referentes internacionales, defendió con vehemencia el capitalismo de libre empresa, atacó al Estado como actor económico y presentó a su gestión como un ejemplo de rumbo correcto en un mundo que, según él, empieza a “despertar”.
El discurso tuvo un tono confrontativo. Milei calificó al gobierno de Venezuela como una “narcodictadura”, apuntó contra lo que llama “parásitos mentales de izquierda” y volvió a cargar contra el socialismo, al que responsabilizó por tragedias históricas y fracasos económicos. En ese marco, alineó su mensaje con el del expresidente estadounidense Donald Trump, incluso citando su famoso lema al afirmar: “Esto es Make Argentina Great Again”.
Buena parte de su exposición estuvo dedicada a elogiar su propia gestión. El Presidente enumeró cifras que considera logros centrales: la baja del déficit fiscal, la desaceleración de la inflación y la reducción de la pobreza. Desde su mirada, estos resultados serían la prueba de que menos Estado y más mercado generan crecimiento y orden económico, un mensaje pensado tanto para el público local como para los inversores internacionales.


Sin embargo, el contexto también jugó su partido. Milei habló después de Donald Trump y ante un auditorio que esperaba definiciones políticas más que una clase teórica. Su discurso, cargado de referencias ideológicas y económicas, contrastó con la agenda práctica que suele dominar Davos, donde los líderes buscan acuerdos, señales de estabilidad y reglas claras más que consignas doctrinarias.
Así, la participación argentina volvió a quedar marcada por un estilo propio: fuerte, disruptivo y sin matices. Para Milei, Davos fue una nueva oportunidad para reafirmar su visión del mundo y mostrar a la Argentina como un país que rompe con el consenso tradicional. Para el resto, quedó la imagen de un presidente que elige confrontar incluso en los foros donde la diplomacia y el equilibrio suelen ser la norma.



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