

El Galpón frente a un fenómeno inédito: una solución millonaria para un evento extraordinario
27/02/2026
José Alberto Coria
Las inundaciones que golpearon a El Galpón durante febrero no fueron episodios aislados. Los datos acumulados y las voces técnicas coinciden en un punto central: el pueblo enfrentó un fenómeno sin antecedentes registrados en el último siglo.
El 2 de febrero, el temporal dejó 240 personas evacuadas, viviendas anegadas y severos daños materiales. El 22 de febrero, un nuevo evento obligó a evacuar a 20 vecinos, confirmando que la emergencia no había terminado.
500 milímetros en un mes: un registro sin antecedentes
El ingeniero agrónomo Sebastián Berni, asesor desde hace más de una década en la firma agropecuaria El Guanaco, fue categórico al analizar el acumulado de precipitaciones.


“No se tiene registro en los últimos 100 años que en el mes de febrero haya llovido 500 milímetros”, afirmó.

Según explicó, el máximo histórico rondaba los 300 milímetros. Esa diferencia es clave: el sistema natural de escurrimiento y los canales existentes estaban dimensionados para escenarios muy distintos a los que se registraron este año.
El agua no se frena: sigue el desnivel natural
Desde la experiencia práctica, Adrián Mónico, con más de 40 años trabajando con maquinaria pesada en el pueblo, reforzó esa idea.
“No hay canal ni sistema que pueda frenar el agua en su recorrido o desnivel natural”, sostuvo.

El casco urbano de El Galpón se encuentra atravesado por el curso natural del agua que baja desde los campos del sur, en dirección a la zona cercana a Metán. Cuando el volumen se duplica respecto de los máximos históricos, el agua simplemente desborda cualquier previsión técnica tradicional.
La obra que hace falta: millones de dólares y gestión internacional
Tras analizar lo ocurrido, productores de la zona coinciden en un diagnóstico incómodo: para contener realmente el caudal que baja desde los campos del sur se necesitaría una obra de infraestructura hidráulica de gran escala, con una inversión de varios millones de dólares.
El problema es financiero y estructural. Ese monto no puede ser afrontado por el municipio. Tampoco por los productores de manera individual. Y ni siquiera la Provincia estaría en condiciones de cubrir una inversión de esa magnitud con recursos propios.

En ese escenario, la única alternativa sería gestionar financiamiento internacional, incluso ante organismos como el Banco Mundial. Pero ese tipo de procesos implican estudios técnicos integrales, proyectos ejecutivos, evaluaciones ambientales, aprobación crediticia y tiempos administrativos que pueden extenderse durante años.
Es decir, no es una solución inmediata. Es un plan a largo plazo.
La paradoja: invertir millones para un evento que podría no repetirse
Aquí aparece el dilema de fondo.
La obra estructural necesaria estaría pensada para resistir temporales extraordinarios como el registrado este febrero: 500 milímetros en un mes, una cifra que no se vio en un siglo.
La pregunta inevitable es si se debe realizar una inversión multimillonaria para un evento que, estadísticamente, podría no repetirse en los próximos 100 años.
O, por el contrario, si el cambio en los patrones climáticos indica que estos fenómenos extremos pueden volverse más frecuentes.

Esa es la encrucijada: planificar para lo excepcional implica costos enormes. No hacerlo deja al pueblo vulnerable.
Mitigación mientras tanto
En la reunión del miércoles, el intendente Federico Sacca aclaró que no se están ejecutando obras estructurales de fondo, aunque sí trabajos para reducir el impacto ante un eventual nuevo temporal.
“Estamos realizando diversos trabajos para mitigar el impacto ante un eventual nuevo temporal. Lamentablemente la situación de emergencia continúa y todos debemos estar preparados para actuar en el momento”, expresó.
La definición es clara: hoy la estrategia es de mitigación y respuesta, no de transformación estructural del sistema hídrico.
Un debate que recién empieza
El Galpón enfrenta una discusión profunda: cuánto invertir, cómo financiarlo y para qué escenario climático prepararse.
Si lo ocurrido en febrero fue un evento excepcional que no volverá a repetirse en décadas, la inversión parecerá desproporcionada. Si, en cambio, fue una señal de un nuevo patrón climático más extremo, no hacerla podría significar repetir evacuaciones y pérdidas.
Entre la urgencia y la planificación a largo plazo, el pueblo quedó en el centro de un debate que excede lo local y obliga a pensar en infraestructura, financiamiento internacional y adaptación a fenómenos cada vez más intensos.




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