¿Urtubey es un problema para Sáenz… o una pieza necesaria para ganarle a Milei?

Opinión22/03/2026José Alberto CoriaJosé Alberto Coria

Sáenz, Urtubey y Romero

La política salteña empezó a moverse en clave electoral mucho antes de lo que indican los calendarios. Y en ese tablero, una pregunta empieza a tomar forma: ¿Juan Manuel Urtubey es un obstáculo para Gustavo Sáenz o una pieza que, bien ubicada, puede resultar clave?

Los últimos resultados ayudan a entender el escenario. La Libertad Avanza se impuso con el 41%, mientras que el espacio oficialista, Primero los Salteños, alcanzó el 33%. Más atrás quedaron Fuerza Patria con el 12% y el PV de Sergio Leavy con el 9%.

Pero hay un dato que no es menor: esos números no corresponden a una candidatura directa de Sáenz. El gobernador no compitió en esa elección, por lo que el resultado del oficialismo expresa más bien la performance de su espacio que un respaldo personal en las urnas.

Aun así, el dato político es contundente: la oposición fragmentada permitió el avance libertario.

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El voto de Urtubey en Fuerza Patria no es automáticamente transferible. No es kirchnerista, tampoco plenamente oficialista. Es un voto propio, moderado, que difícilmente se hubiese alineado en bloque detrás del saencismo. Ahí está la primera clave: Urtubey divide, sí, pero también representa.

Sin embargo, en política no alcanza con representar: hay que ordenar. Y ahí aparece el movimiento de fondo.

En las últimas semanas, el exgobernador volvió al centro de la escena, no por iniciativa propia sino empujado por el debate sobre el Fondo de Reparación Histórica. El informe de la Auditoría General de la Provincia de Salta, conducida por Gustavo Ferraris, reactivó cuestionamientos sobre su gestión y lo obligó a salir a responder en términos políticos.

Pero en ese cruce hay una ausencia que dice mucho: Sáenz no aparece. No confronta, no defiende, no interviene. Administra. Ese silencio no es neutral. Es estrategia.

Porque en el fondo, el gobernador enfrenta su propio dilema: necesita ampliar su base para competir con el espacio de Milei, pero sin ceder centralidad. Y ahí, Urtubey puede ser problema o solución, según cómo se resuelva la ecuación.

Si Urtubey juega por afuera, divide. Si juega adentro, suma… pero también disputa liderazgo.

Por eso, lo que se empieza a ver no es una pelea frontal, sino un proceso de reubicación. Urtubey es tensionado, expuesto, llevado a un escenario donde debe definir su lugar. No se lo expulsa, pero tampoco se le deja espacio para la comodidad.

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Mientras tanto, el tablero mayor se ordena alrededor de un dato ineludible: La Libertad Avanza ya demostró su fuerza en Salta, especialmente en la Capital, donde se impuso con holgura. 

Frente a eso, la fragmentación deja de ser una opción y, es en ese contexto, donde empieza a tomar forma una hipótesis política: un gran frente donde convivan oficialismo, peronismo, kirchnerismo e incluso otros sectores como Salta Independiente de Bernardo Biella, bajo una lógica de competencia interna. Un esquema donde todos jueguen… pero nadie rompa. 

Ahí, la posible vuelta de la ley de lemas deja de ser técnica y pasa a ser central. Porque permite algo clave: contener diferencias sin romper la unidad. Pero además, introduce un elemento que incomoda a sus críticos: lejos de ser una herramienta “tramposa”, la ley de lemas puede funcionar como un mecanismo de ordenamiento de una mayoría social y política que hoy ya existe, pero dispersa.

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En definitiva, todos esos sectores -con matices, identidades y liderazgos distintos- comparten un punto en común: se posicionan frente a Milei. La ley de lemas no crea esa realidad, la organiza. La traduce electoralmente.

Entonces, la pregunta inicial vuelve con más fuerza: ¿Urtubey es un problema? Sí, si juega solo. ¿Es una pieza necesaria? También. Porque su 12% puede ser decisivo en una elección ajustada.

En política, a veces los adversarios no se eliminan. Se administran. Y en Salta, todo indica que eso es exactamente lo que está pasando.

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