

Una carta de fuego para el presidente Milei en el Senado
José Alberto Coria
Este miércoles, el Gobierno de Javier Milei enfrenta mucho más que el inicio del debate por la reforma laboral. Se juega una carta de fuego en el Senado, una prueba clave para demostrar si su proyecto político tiene capacidad real de gobernar, negociar y transformar promesas en leyes concretas.
En los últimos diez días, el oficialismo aceleró contactos y negociaciones con gobernadores aliados y bloques provinciales. Funcionarios de peso, como Diego Santilli y referentes del Ministerio del Interior, se movieron intensamente para aceitar consensos, sumar voluntades y garantizar el número necesario que permita avanzar, al menos, con una media sanción. No es un dato menor: la Casa Rosada entiende que este proyecto es un test de poder.
La reforma laboral no es solo una iniciativa más en la agenda libertaria. Es una de las leyes estructurales que el Gobierno necesita exhibir como señal de gobernabilidad. En un contexto económico delicado, con mercados atentos y actores internacionales observando cada paso, Milei busca enviar un mensaje claro: la Argentina puede volver a aprobar reformas profundas, incluso con un oficialismo en minoría parlamentaria.


Por eso la urgencia. Por eso la presión política. Por eso también las tensiones internas en el Senado y los intentos de acelerar los tiempos legislativos. El Gobierno sabe que si logra avanzar ahora, no solo consolida su relación con gobernadores aliados, sino que fortalece su relato de cambio frente a inversores y organismos internacionales.
Del otro lado, la oposición -con José Mayans a la cabeza- intenta frenar o, al menos, ralentizar el proceso, apelando al reglamento y a los procedimientos internos de la Cámara Alta. No se trata solo de una discusión técnica: es una pulseada de poder. Si el oficialismo queda empantanado en comisiones, el golpe político será significativo.
En definitiva, este miércoles no se define únicamente el futuro de la reforma laboral. Se pone en juego algo más profundo: la capacidad del Gobierno de Milei de demostrar que no es solo un fenómeno electoral, sino un Ejecutivo con espalda política para sacar leyes clave y sostener su programa. El Senado, una vez más, será el escenario donde se mida hasta dónde llega el poder real del cambio que el Presidente promete.



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