Salud mental: el miedo a pedir ayuda y la necesidad de aprender a escuchar

Salud10/10/2026Xiomara DíazXiomara Díaz

Fernando Serrano Urdanibia

Preguntar cómo está alguien no siempre significa estar dispuesto a escuchar la respuesta. Esa diferencia fue uno de los temas que abordó el licenciado Fernando Serrano Urdanibia en MODO ON, con Solange Díaz, durante una entrevista sobre salud mental, prevención del suicidio y las dificultades que muchas personas encuentran para expresar lo que les pasa.

El psicólogo y docente contó que trabaja en prevención primaria con adolescentes de  San José de Metán, con actividades vinculadas a la salud mental y el suicidio. También señaló que incorporaron el abordaje de la violencia en las relaciones afectivas.

A lo largo de la entrevista habló de los prejuicios que demoran una consulta, los cambios que pueden advertirse en alguien que está sufriendo y las formas de acompañar. Se detuvo, además, en los mensajes que circulan en las redes sociales, los mandatos culturales sobre los varones y la necesidad de conocer los recursos disponibles en cada comunidad.

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Una respuesta que puede ocultar el malestar

Para explicar qué entiende por salud mental, Serrano Urdanibia partió de una pregunta habitual: “¿Cómo estás?”. La respuesta suele ser “bien”, aunque detrás puedan aparecer cansancio, frustraciones, dificultades económicas, problemas para rendir un examen, una separación o la pérdida del trabajo.

Según explicó, muchas veces se oculta lo que se siente porque se cree que el otro no está dispuesto a escuchar. En otras situaciones, hablar resulta difícil por el temor a no poder contener lo que aparezca después.

El profesional vinculó esa explicación con la idea del ser humano como un sujeto biopsicosocial. Señaló que cada persona vive en un contexto y está influida por condiciones sociales y culturales, por lo que hablar de salud mental no consiste solamente en hablar de la ausencia de una enfermedad.

Desde su marco teórico, sostuvo que también supone poder sentir y afrontar el sufrimiento. Mencionó las exigencias cotidianas, el esfuerzo de levantarse por la mañana, las preocupaciones por el cuerpo y la contradicción entre esperar el cobro del sueldo y recordar las obligaciones que deben pagarse.

“El sufrimiento es inherente”, expresó. En ese planteo ubicó las demandas actuales y las herramientas con las que cuenta cada persona para responder a ellas.

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Reconocer que no se puede estar bien todo el tiempo

Serrano Urdanibia cuestionó la expectativa de una felicidad permanente. Explicó que las dificultades pueden afectar la autoestima y modificar la manera en que alguien se percibe: un estudiante que llega con entusiasmo a rendir puede pensar en abandonar la carrera después de desaprobar; una ruptura amorosa puede producir un malestar que cuesta afrontar.

“Estar mal también está bien”, sostuvo, al referirse a la posibilidad de reconocer esas emociones como parte de la experiencia humana.

Aclaró que no siempre se puede estar en un estado de felicidad y que admitir el dolor permite empezar a hablar de lo que sucede. También mencionó que una de sus áreas de trabajo son las relaciones amorosas y la terapia de pareja, un interés que retomó en distintos momentos de la entrevista.

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Los prejuicios frente a la psicología y la psiquiatría

El psicólogo comparó la respuesta social ante una dolencia física y ante el sufrimiento emocional. Cuando alguien dice que le duele el estómago, suele surgir enseguida la idea de consultar a un médico o tomar una medicación. Incluso, observó, otras personas se apresuran a recomendar qué tomar.

Frente a una pérdida o una separación, en cambio, pueden aparecer expresiones que minimizan lo que se está viviendo: “no es para tanto”, “estás exagerando” o “hay muchas mujeres en el mundo”.

Relacionó esas respuestas con el estigma que todavía existe alrededor de la atención psicológica. Mencionó la frase “no estoy loco” como una reacción frecuente cuando se sugiere una consulta.

Según su experiencia, la barrera puede ser mayor frente a una derivación psiquiátrica. Habló del temor a la medicación y de imágenes asociadas con el encierro o la camisa de fuerza, aprendidas a través de películas y de otras informaciones. Señaló que esos prejuicios pueden contribuir al abandono de los procesos terapéuticos.

Explicó que la psicología y la psiquiatría trabajan de manera conjunta y que cada disciplina realiza su aporte a la atención.

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Los cambios que merecen una conversación

Al responder cómo reconocer que alguien está pasando un mal momento, Serrano Urdanibia remarcó que no existe una única causa y que las personas deben ser comprendidas en su complejidad.

Entre las situaciones a las que propuso prestar atención mencionó las disculpas constantes, las explicaciones innecesarias y los cambios en la actividad física. Como ejemplo, habló de quienes permanecen tres, cuatro o cinco horas en el gimnasio, desde que abre hasta que cierra.

Planteó que resulta necesario conocer si esa actividad responde al deseo de sentirse bien con el cuerpo o si funciona como una manera de evitar un dolor del que no se puede hablar.

También se refirió a los cambios en el apetito y a la comida como una posible forma de llenar un malestar. Describió el hábito de comer mientras se mira un video y mencionó el cigarrillo o el alcohol entre los recursos que algunas personas utilizan para alejarse momentáneamente del sufrimiento. En esa explicación hizo referencia a Sigmund Freud.

Su advertencia fue no interpretar una sola conducta como una respuesta definitiva sobre lo que le ocurre a alguien. Comparó esa tarea con armar un rompecabezas: para comprender la situación, primero hay que reunir las piezas.

Cuestionó, además, el uso de conceptos psicológicos en el lenguaje cotidiano sin conocer su significado. Mencionó depresión, bipolaridad, psicosis, delirio y demencia, y la expresión adolescente “fingir demencia”. Señaló que alguien puede decir que está depresivo cuando lo que siente es tristeza.

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Escuchar antes de ofrecer una solución

Para el profesional, una de las dificultades está en que muchas conversaciones se sostienen con la intención de responder rápido, dar un consejo o proponer una solución.

“A veces hay personas que realmente no necesitan una respuesta, no necesitan una solución inmediata, sino que necesitan ser escuchadas”, explicó.

Diferenció esa reacción de la escucha activa. Ante alguien que cuenta que desaprobó un examen o que está angustiado, frases como “hay otra oportunidad”, “la vida pasa” o una invitación a salir pueden cerrar una conversación antes de que la persona termine de expresar lo que siente.

Recordó una situación que escuchó al salir del consultorio. Un adolescente le decía a un amigo que estaba triste, angustiado y sin ganas de vivir. El otro permanecía con el celular y, después de un silencio, le propuso ir a un boliche. Cuando el joven preguntó si lo había escuchado, recibió una respuesta breve.

El ejemplo le permitió explicar que estar junto a alguien no garantiza que se lo esté escuchando. También señaló que una sonrisa no permite conocer lo que sucede cuando esa persona vuelve a su casa.

En ese punto habló del valor de los espacios educativos, los gimnasios, los clubes deportivos y los encuentros para tomar mate. Los describió como lugares que pueden ofrecer protección y contención, donde alguien se siente cómodo y puede expresarse.

La vida cotidiana y lo que se muestra en internet

Serrano Urdanibia sostuvo que hoy las personas se mueven entre un mundo real y uno virtual, y que lo publicado en las redes no siempre refleja lo que se vive.

Mencionó la selección de una fotografía, la búsqueda del mejor perfil y los intentos de ocultar granitos o partes del cuerpo. Según explicó, antes de publicar suele haber una elección orientada a cumplir con ciertos estándares sociales y a buscar seguridad.

También habló de los códigos que utilizan los adolescentes. Contó que, en su experiencia con consultantes, los colores de las notas pueden transmitir mensajes y emociones. Vinculó algunos de esos usos con la influencia de la película Intensamente: azul para la tristeza, rojo para la ira y amarillo para la alegría.

Describió, además, las indirectas y las formas de acercamiento afectivo. Al intercambio de “me gusta” lo llamó “la teoría del ping pong”: una persona sigue a otra, empieza a reaccionar a sus fotos, recibe una respuesta similar y ese intercambio puede continuar hasta que alguien inicia una conversación.

La música fue otro de los ejemplos. Señaló que muchas publicaciones están acompañadas por una canción y que la elección de un fragmento puede tener una intención. Mencionó tanto los mensajes vinculados con una pelea de pareja como los utilizados para coquetear.

Propuso prestar atención a los cambios en los perfiles de WhatsApp, las historias, las frases dolorosas y los contenidos compartidos que puedan expresar un pedido de ayuda.

Las “rachas” y los mensajes que pasan inadvertidos

El psicólogo contó que, en los talleres escolares, suelen preguntar quiénes utilizan TikTok y quiénes mantienen una “racha”, es decir, un intercambio de mensajes o videos durante días consecutivos.

Explicó que esa práctica puede generar vínculos incluso entre personas que no se conocen personalmente o que viven en lugares diferentes. Pero advirtió que, a veces, la preocupación por mantener activa la racha hace que se envíen contenidos sin mirar lo que el otro compartió.

Relató que, después de uno de esos talleres, un adolescente revisó los videos que recibía de un amigo y encontró que muchos hablaban de sufrimiento. Hasta entonces no se había detenido a verlos. Según contó, advertirlo permitió abrir una conversación.

Por eso pidió observar qué dicen los videos, las frases que contienen y quién comparte un contenido, especialmente cuando expresa deseos de no seguir viviendo.

Preguntar directamente y estar dispuesto a escuchar

Ante la consulta sobre qué hacer cuando alguien manifiesta un malestar intenso, Serrano Urdanibia introdujo los primeros auxilios psicológicos.

Explicó que la palabra suicidio suele generar silencio por incomodidad, desconocimiento o temor. Esa reacción, señaló, puede impedir una pregunta directa sobre pensamientos de muerte o deseos de quitarse la vida.

Sostuvo que preguntar puede ayudar a que la persona se sienta escuchada y comprendida. Durante la entrevista afirmó que esa intervención disminuye al menos un 60% del malestar y la presentó como una conclusión respaldada por comprobaciones científicas y estadísticas.

Entre las preguntas que propuso mencionó: “¿Has pensado en suicidarte?” y “¿Has tenido pensamientos relacionados con la muerte?”.

Según explicó, muchas personas viven ese sufrimiento en soledad porque creen que nadie va a comprenderlas. Abrir la conversación puede permitir que expresen lo que les sucede, aunque quien pregunta también debe estar dispuesto a escuchar la respuesta.

Los cinco pasos para acompañar

Serrano Urdanibia expuso una regla de cinco pasos que atribuyó a una organización española de psiquiatría. El primero consiste en preguntar directamente por la presencia de pensamientos suicidas o relacionados con la muerte y habilitar una conversación.

El segundo es no dejar sola a la persona. Aclaró que acompañar no significa convertirse en un vigilante, sino transmitir que se está junto a ella.

El tercero propone mantener contacto con familiares, amigos o personas allegadas. Explicó que ese vínculo permite organizar el acompañamiento y retirar los medios con los que alguien pudiera hacerse daño.

El cuarto consiste en ayudar a buscar atención profesional. Remarcó que brindar esa primera asistencia no convierte a un amigo o familiar en psicólogo o psiquiatra: se trata de colaborar para que la persona reciba ayuda.

El quinto es mantener el contacto después de la primera atención. Preguntar cómo sigue o si necesita algo, sostuvo, permite conservar el vínculo con alguien que confió en esa persona para contar lo que estaba viviendo.

También cuestionó que los mensajes de prevención se limiten a las publicaciones de septiembre y que, cuando aparece una situación real, muchas personas no se animen a intervenir.

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Por qué a los varones les puede costar pedir ayuda

Al analizar las barreras para hablar del sufrimiento, el profesional se detuvo en los aprendizajes culturales.

Mencionó la expectativa de que el varón sea el sostén económico de la casa, se mantenga fuerte y no llore. Explicó que frases como “no seas nenita” y las burlas frente al llanto pueden incorporarse desde la infancia como creencias sobre lo que un hombre puede mostrar.

Según planteó, esa obligación de sostener a los demás puede llevar a alguien a pensar que no tiene permitido estar mal. También señaló que esas respuestas pueden aparecer entre amigos y entre los propios varones.

Relacionó esas prácticas con el uso de palabras vinculadas con la homosexualidad como insultos. En el caso de las mujeres, cuestionó los estereotipos que las presentan como necesariamente delicadas, sensibles o asociadas al llanto.

Salta y la necesidad de conocer cada comunidad

Serrano Urdanibia afirmó que Salta se encuentra entre las provincias con tasas elevadas de suicidio y destacó la presencia de casos entre adolescentes y jóvenes.

Según los datos que mencionó, las muertes por suicidio tienen mayor presencia entre varones, mientras que los intentos son más frecuentes entre mujeres. Pidió prestar atención también a estos últimos y no concentrarse solamente en los fallecimientos.

Se refirió a investigaciones recientes que, según indicó, muestran un incremento de los casos, y sostuvo que el estigma alrededor de la salud mental es uno de los factores que deben abordarse.

Para trabajar en prevención, explicó, es necesario conocer las estadísticas, la población y el lenguaje de cada lugar. Contó que conoce la cultura de Metán porque la estudia y trabaja allí, mientras que estaba conociendo la de El Galpón a través del intercambio con el programa.

Cuestionó la aplicación automática de modelos estadounidenses o españoles que pueden funcionar en sus países de origen, pero que encuentran otras condiciones culturales y otros recursos en una localidad salteña. También advirtió que una propuesta puede estar bien organizada y no recibir participantes si no responde a lo que la comunidad necesita.

Lineas

Prevención, asistencia y posvención

“El suicidio es prevenible, pero no predecible”, afirmó. Explicó que, por tratarse de un fenómeno con múltiples causas, no existe una prueba ni una observación que permita saber con certeza qué va a ocurrir.

Mencionó las expresiones que suelen escucharse después de una muerte por suicidio: “lo vi normal”, “lo vi sonriendo” o “salió con los amigos y estaba bien”. Según señaló, esas impresiones no permiten conocer por completo lo que alguien estaba viviendo.

Diferenció la prevención, tarea en la que participan sus estudiantes, de la asistencia y la posvención. Remarcó que aprender sobre el tema permite reconocer mejor el malestar de otra persona y que dejar de hablar del suicidio no hace que deje de existir.

También sostuvo que Argentina es uno de los pocos países que cuentan con una ley sobre esta problemática y mencionó la Ley 27.130, vinculada con prevención, asistencia y posvención.

Al referirse a sus alcances, señaló que ante una crisis o un intento la atención médica debe ser inmediata, tanto en el ámbito público como en el privado, y planteó la necesidad de que la población conozca esos derechos.

En otro tramo mencionó el amarillo como un color socialmente asociado con la prevención. También afirmó que Argentina utiliza el naranja y vinculó esa elección con una adhesión a Colombia y con lo que llamó “la ley nueva”. Lo incluyó en su planteo sobre la necesidad de conocer y desarrollar referencias propias.

Un curso gratuito y los recursos disponibles

Serrano Urdanibia adelantó que estaban organizando un curso gratuito de primeros auxilios psicológicos, abierto al público, para enseñar cómo escuchar y acompañar a una persona que está pasando por una crisis. La intención era dictarlo la semana siguiente a la entrevista, aunque todavía debían resolver las habilitaciones y la convocatoria. 

El psicólogo se refirió a los recursos que hacen falta para atender estas situaciones. Habló de inversión en salud pública y planteó la necesidad de conocer qué servicios tiene El Galpón: atención psicológica y psiquiátrica, guardias y equipos de emergencia. Incluyó a los bomberos entre quienes pueden intervenir.

También dio a conocer Semilla del Saber, su espacio en redes sociales, donde comparte contenidos sobre relaciones amorosas y violencia en los vínculos. Contó que eligió ese nombre por la idea de “germinar un saber”.

Antes de despedirse, insistió en la posibilidad de pedir ayuda y reconocer cuando algo no está bien: “No estás solo, siempre hay alguien que está dispuesto a escucharte”.

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