


Transporte en el interior: un servicio sin control y a la deriva
José Alberto Coria
El caos vivido por los pasajeros varados este lunes en Las Lajitas pone sobre la mesa una realidad que se repite en distintos puntos del interior salteño: la falta de controles sobre los servicios de transporte que operan en condiciones deplorables.
Los colectivos que circulan en muchas localidades no solo son antiguos y presentan fallas constantes, sino que además parecen escapar a cualquier tipo de inspección o regulación. Mientras comercios, carnicerías y otros rubros deben cumplir con normativas estrictas, el transporte público sigue siendo una zona liberada, donde la seguridad y la calidad del servicio dependen más de la suerte que de un verdadero control.
¿Quién debería garantizar que estas unidades estén en condiciones? Aquí es donde los municipios tienen una responsabilidad ineludible. Así como regulan otras actividades comerciales, deberían exigir que los colectivos cumplan con normas mínimas de seguridad y confort para los pasajeros. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los gobiernos locales miran para otro lado y dejan que el problema crezca sin soluciones a la vista.


Por otro lado, la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMT), encargada de concesionar el servicio en la provincia, también tiene mucho que responder. ¿Cómo es posible que en pleno 2025 aún existan líneas que operan con colectivos que literalmente “llueven más adentro que afuera”? Si se fiscalizan las condiciones de los vehículos en la ciudad de Salta, ¿por qué no se aplican los mismos estándares en el interior?
El drama de los pasajeros varados en la ruta no es un hecho aislado. Es el síntoma de un sistema que necesita con urgencia reglas claras, inspecciones reales y sanciones para quienes pongan en riesgo a los usuarios. Sin controles ni exigencias, los salteños seguirán viajando con la incertidumbre de no saber si llegarán a destino.





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