


Hospital del Carmen: el desafío de sostener la salud pública en tiempos de ajuste
Xiomara Díaz
La situación actual del Hospital del Carmen de San José de Metán refleja con crudeza las tensiones que atraviesa el sistema de salud pública en el interior de la provincia y, por extensión, del país. En una entrevista televisiva, el gerente sanitario del nosocomio local, Dr. José "Coty" Leavy, brindó un panorama detallado y preocupante sobre las condiciones en las que hoy se trabaja para garantizar el derecho a la salud en una comunidad que no deja de crecer en demanda asistencial.
La visita reciente del ministro de Salud de la provincia, acompañado por funcionarios del gabinete y luego también por el propio gobernador, dejó como saldo la constatación de que la obra edilicia del nuevo sector hospitalario está finalizada. Se trata de una ampliación sustancial que incorpora terapias intensivas para adultos y niños, cocinas renovadas, nuevas áreas de personal y talleres. Sin embargo, como señaló el gerente, ahora comienza “la parte más difícil”: dotar de equipamiento e insumos a lo que definió como “medio hospital”, y cubrir los recursos humanos necesarios para su funcionamiento.



Este nuevo bloque, cual puesta en marcha demandará una inversión estimada en 3 millones de dólares, requerirá no menos de 30 profesionales entre médicos terapistas y personal de enfermería. Una estructura exigente, con rotación continua y exigencias técnicas que no pueden ser resueltas con soluciones improvisadas. El hospital de Metán, como tantos otros del país, debe planificar su funcionamiento con un plantel que envejece, y en un contexto donde los nuevos profesionales de la salud, formados en capitales u otras provincias, difícilmente decidan radicarse en ciudades del interior.
Según los datos brindados por el directivo, las consultas por guardia pasaron de 4.000 a casi 11.000 anuales en apenas dos años. Esta cifra se duplicó a pesar de contar con menos profesionales en consultorios. ¿La razón? Una parte de la población con obra social ya no puede cubrir los costos de la atención privada, y acude al hospital público. Este fenómeno está generando una presión constante sobre la estructura del sistema, que, al mismo tiempo, se ve asfixiada financieramente por las propias obras sociales.
Actualmente, el hospital acumula una deuda de más de 100 millones de pesos por parte de esas entidades, y mantiene obligaciones propias por unos 50 millones con proveedores, supermercados y prestadores de servicios. A este cuadro se suma la eliminación de la Superintendencia de Servicios de Salud, dispuesta por el Gobierno nacional encabezado por Javier Milei, en el marco de la Ley Bases. Esta medida dejó sin herramientas legales a los hospitales públicos para exigir el cumplimiento de pagos, lo que profundiza el estado de indefensión institucional.
El hospital, como se explicó, no es solo un centro de atención médica. Es también un establecimiento que ofrece camas, comida, higiene y acompañamiento a sus pacientes. Hoy, la institución enfrenta dificultades para reponer frazadas, sábanas, sillas de ruedas, monitores y hasta computadoras, en parte por el desgaste propio del uso y en parte por robos que no pueden ser evitados. No cuenta con personal de seguridad suficiente ni con sistemas de control como los que tienen otros hospitales provinciales.
Pese a este panorama adverso, hay proyectos concretos. Se prevé que en una etapa futura las antiguas salas comunes sean reemplazadas por habitaciones dobles de internación, con mayor privacidad, mejores condiciones de recuperación y menor riesgo de infecciones cruzadas. Una planificación que sigue el modelo de hospitales como el de Embarcación o el Papa Francisco de Salta capital, aunque sin el respaldo presupuestario que aquellos recibieron.
En este contexto, vuelve a discutirse la necesidad de avanzar con una regionalización efectiva de la salud pública en el sur salteño, que reconozca a Metán como hospital cabecera. No solo por la complejidad de sus servicios, sino también por su ubicación estratégica y por el nivel de atención que hoy ya se brinda a pacientes derivados desde Joaquín V. González, Rosario de la Frontera y otros puntos.
Los desafíos son múltiples y concretos. Faltan médicos. Faltan recursos. Faltan herramientas institucionales. Y, sin embargo, el hospital sigue funcionando. En parte, gracias al compromiso del personal. En parte, gracias a donaciones anónimas. En parte, por la convicción de que, aun con todas las carencias, no se puede dejar de dar respuesta a quien la necesita.
La salud pública en Metán no pide caridad. Pide previsión, planificación y decisión política. En definitiva, pide que se respete un derecho fundamental. Porque, como bien señaló el gerente: “El hospital no es la infraestructura. Es la materia gris. Y si la perdemos, no hay edificio que nos salve”.


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