

Del “Pacto de Mayo” a la “Casa Vacía”
José Alberto Coria
Hace apenas un año, en ese mismo escenario histórico de la Casa de Tucumán, el presidente Javier Milei firmaba el Pacto de Mayo junto a 18 gobernadores, sellando un acuerdo simbólico para impulsar reformas clave. Hoy, ese vínculo quedó reducido a una imagen borrosa -emocionalmente y en términos políticos- evidenciada por su ausencia en el acto del 9 de Julio, en el que comparsas esenciales tampoco estuvieron presentes.
La explicación oficial giró en torno a una niebla que imposibilitó los vuelos. Sin embargo, la realidad en Aeroparque y Tucumán fue otra: no hubo impedimentos climáticos, y varios gobernadores pudieron viajar sin inconvenientes. De fondo, el verdadero obstáculo fue el vínculo roto entre la Casa Rosada y las provincias.
La chispa de fuego que encendió esta ruptura fue el profundo ajuste fiscal impulsado por Milei, que incluyó la retención de fondos provinciales, la eliminación de organismos como Vialidad y la quita de subsidios al transporte interior, docentes y otros fondos no automáticos. El interior no lo toleró: proyectos para garantizar coparticipación del impuesto a los combustibles y la devolución de ATN retenidos fueron presentados por 23 gobernadores, y el presidente respondió con promesas de veto, judicialización y críticas severas.


El resultado fue una tensión institucional que derivó en un acto patriótico con la Casa vacía, donde solo asistieron tres mandatarios provinciales y un esbozo simbólico de respaldo. Aquella presencia multitudinaria de gobernadores que simbolizó unidad, un año atrás, hoy dejó paso al distanciamiento y la desconfianza.
El detonante geopolítico fue el brutal recorte presupuestario. En nombre del equilibrio fiscal, la Casa Rosada intervino en áreas sensibles para las provincias, atentando contra su autonomía y capacidad de respuesta. Esa ofensiva provocó el hartazgo de mandatarios que ya no toleran “que les jueguen con el coya, pero no con la alforja”.
El contraste político entre el Pacto de Mayo y la Casa Vacía hoy habla de una fractura profunda. Mientras el gobierno central defienden los recortes como necesarios, los gobernadores plantean que esos fondos son de las provincias y exigen límites para evitar arrebatos.
Con la interna entre Santiago Caputo y el círculo de Karina Milei, la señal desde Tucumán fue doblemente clara. No solo el presidente evitó la foto incómoda, sino que también mandó un mensaje a sus propios operadores: que la tensión con el interior queda a cargo de quien tiene el poder presupuestario.
La pregunta que queda abierta es si esta división será momentánea -como suele ocurrir en cada ciclo político- o marcará el inicio de una nueva dinámica de confrontación institucional en la Argentina. De momento, la Casa de Tucumán quedó vacía, reflejo del divorcio político entre el Presidente y los gobernadores que lo acompañaron para el Pacto, pero que hoy exigen que no juegue con su autonomía financiera.


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