


¿Quién cuida a Piquete?
José Alberto Coria
Piquete Cabado es una de esas localidades que, pese a su historia y su gente, queda atrapada entre los trazos fríos de los mapas oficiales y la indiferencia práctica del poder. Administrativamente depende de Joaquín V. González, pero en la vida real, su cercanía con Las Lajitas -a solo 9 kilómetros- la vincula mucho más con este último municipio. Y sin embargo, en la política, esas realidades no siempre importan.
Esta localidad con casi mil pobladores se encuentra a 34 kilómetros de González y a apenas 9 de Las Lajitas, pero quienes viven allí deben gestionar sus problemas ante autoridades que están, literalmente, más lejos. La distancia no es solo geográfica: también es institucional, afectiva y, lo más grave, funcional. En los hechos, muchos vecinos sienten que no son prioridad para nadie.
Este caso, que puede parecer menor, es en realidad un síntoma de algo más grande: la necesidad de revisar los límites, competencias y responsabilidades del Estado. Hoy más que nunca, la región necesita discutir en serio la actualización del mapa político-administrativo. No con criterios arbitrarios ni oportunistas, sino con la mirada puesta en la accesibilidad, la eficiencia y el derecho real de los ciudadanos a ser escuchados y atendidos.


Porque no se trata solo de líneas en un papel. Se trata de escuelas, centros de salud, obras públicas, transporte, seguridad y tantas otras cuestiones que definen la calidad de vida. Y cuando la administración no se adapta al territorio, todo se vuelve más costoso para el Estado y menos efectivo para la gente. Para decirlo claro: le cuesta más al municipio de Joaquín V. González operar en Piquete Cabado que lo que le costaría a Las Lajitas, que está mucho más cerca. Esa desigualdad termina perjudicando a todos: a los vecinos que no reciben respuestas y al municipio que debe hacer esfuerzos desproporcionados para llegar.
Es hora de decirlo sin vueltas: habría que transferir la responsabilidad sobre Piquete Cabado a Las Lajitas, y con ella, también los recursos. No se trata de sacarse problemas de encima, sino de administrar mejor. De garantizar derechos. De hacer que el Estado funcione donde debe, y como debe.
La política, los legisladores, los intendentes y los referentes sociales deben animarse a dar este debate. No para generar conflictos, sino para construir soluciones. Para que, finalmente, el Estado llegue a todos, y no solo a los que le quedan más cerca.
Por José Alberto Coria | Director de Expresión del Sur


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