


Según Milei, la inflación es 1,9%: pero las familias no llegan a mitad de mes
Por Expresión del Sur
Según el INDEC, la inflación de julio fue del 1,9%, y la acumulada en lo que va del año alcanza el 17,3%. Sin embargo, la situación que se observa en la calle es otra; los salarios y jubilaciones no alcanzan para cubrir siquiera la mitad del mes, y millones de argentinos enfrentan dificultades para acceder a alimentos, medicamentos y servicios esenciales.
Una familia tipo de dos adultos y dos menores necesitó en julio de 2025 al menos $1.149.353 para no ser considerada pobre, mientras que la canasta alimentaria básica se ubicó en $515.405. Para un adulto solo, el mínimo para no ser indigente superó los $167.000. A pesar de estos números, los salarios reales no acompañan; el sector público acumula desde noviembre de 2023 una caída del 14,3% en poder adquisitivo, y los privados registran un retroceso del 0,6%.
Los jubilados, quienes dependen de ingresos fijos, enfrentan la imposibilidad de cubrir necesidades básicas como medicamentos o alimentos frescos, una situación que no se refleja en las cifras oficiales. Los comercios y empresas, presionados por la suba constante de precios y la caída del consumo, continúan cerrando, profundizando la crisis económica y social.


Economistas y especialistas en consumo señalan que la inflación real supera ampliamente el 1,9% mensual que difunde el gobierno de Javier Milei. El aumento de precios en alimentos, transporte y energía se siente de manera inmediata en los bolsillos de las familias, mucho más que en los promedios oficiales. El dólar, que trepó un 14% en julio, aún no terminó de impactar en los precios al consumidor, y se espera que las remarcaciones lleguen con fuerza en agosto.
La contradicción entre los informes oficiales y la realidad diaria genera una percepción generalizada de que los datos del INDEC, bajo la administración actual, no reflejan el verdadero costo de vida. Mientras tanto, millones de argentinos luchan por cubrir lo mínimo, los jubilados buscan medicamentos que no alcanzan a comprar y los hogares deben priorizar entre alimentación, transporte y servicios básicos.
En definitiva, la estadística oficial muestra un país “en línea con la inflación”, pero la realidad en los barrios, supermercados y farmacias indica otra cosa; salarios y jubilaciones insuficientes, precios que no se detienen y familias que cada vez llegan menos lejos con sus ingresos.


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