


"Nada tapa todo"
José Alberto Coria
El gobierno libertario atraviesa su primera gran crisis política. La denuncia por coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, que estalló el pasado viernes, corrió como reguero de pólvora y ya desgasta a Javier Milei en las encuestas. No se trata de una operación aislada: la causa avanza y los audios revelados comprometen directamente a un funcionario de extrema confianza. Incluso los medios más cercanos al oficialismo no pueden esquivar el tema.
En ese contexto, el miércoles se produjo una escena insólita. El presidente eligió exponerse en una caravana por el centro de Lomas de Zamora, acompañado por su hermana Karina y por José Luis Espert, cuando era evidente que habría manifestaciones en su contra. Como si no alcanzara con la torpeza del armado, los videos muestran a Milei respondiendo con gritos y provocaciones, acusando de “corruptos” a quienes lo cuestionaban por el escándalo de Spagnuolo.
¿Fue un error de seguridad? ¿O, más bien, una estrategia desesperada para desviar la atención del caso de corrupción que sacude al gobierno? Ninguna hipótesis es tranquilizadora. Resulta incomprensible que la máxima autoridad de un país se ponga en la primera línea de un enfrentamiento callejero, en plena crisis institucional.



Lo que se exhibió en Lomas no fue fortaleza, sino improvisación. No hubo militancia de respaldo, no hubo control del terreno y tampoco hubo lectura política del momento. El intendente Federico Otermín lo advirtió: era un error marchar en pleno centro un día laborable. Pero la advertencia se ignoró.
La reacción presidencial —gritos, insultos y gestos desbordados— agrava aún más la situación. Porque un presidente que pierde la calma en público, que responde desde la camioneta a ciudadanos indignados, muestra debilidad, no liderazgo. Y deja en claro que la estrategia oficial ya no es gobernar, sino montar escenas para tapar escándalos.
La crisis libertaria abre un interrogante mayor: ¿hasta dónde se puede manipular la agenda pública antes de que la sociedad diga basta? La Argentina ya vivió demasiadas veces intentos de tapar el sol con la mano. La diferencia, hoy, es que las redes sociales y los videos virales dejan al descubierto lo que antes se podía ocultar.
Milei apostó a la provocación como distractivo, pero terminó expuesto. Y lo más grave: no solo deteriora su propia figura, sino que erosiona la confianza en la institucionalidad del país.


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